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Diarios de viaje Irán

¡Con velos y a lo loco! 2 – Ruta por Irán paso a paso

6 junio 2017

Persépolis
¡Es el día de Persépolis! Y eso no lo va a estropear ni el pan-balleta ballerina infernal que nos ponen en el desayuno, ni la noticia de que tenemos que cambiarnos de habitación, a otra mucho peor porque sí, porque se lo montan fatal.

Pero antes, aprovechamos los rayos de sol de la mañana para visitar la Nasir al-Mulk Mosque, también conocida como la Mezquita Rosa, una de las postales más típicas de Irán, y por lo tanto, atestada de turistas nacionales y extranjeros. Los rayos de sol atraviesan perpendicularmente las vidrieras que inundan de colores las alfombras de la mezquita, todo un deleite visual. Cuando apartas los ojos de las vidrieras descubres que los azulejos y los techos también son preciosos.

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Unas estudiantes nos piden que nos hagamos selfies con ellas y la más malota, también nos pide el colgante del cuello ¡y hasta mi piercing de la nariz! La profe se disculpa, mientras las gamberretas ríen y un tipo simpático que conocemos en la taquilla de la mezquita, nos lleva en su coche a cambiar dinero. Por si fuera poco, nos canta dos canciones que le dedica a Iker, que va sentado en el asiento del copiloto y que ve que el tiempo pasa muy despaaaaaacio. Cambiamos pasta y el tipo nos presenta al señor mayor que nos va a llevar a Persépolis y que va a hacer el agosto porque somos un poco pardillos, o buenos, o tontos, o yo qué sé.

De camino vemos un edificio moderno terrorífico, con cascada incluída y una rotonda con un pavo real gigante, que nos hace reconocer el origen persa de los españoles y nuestro gusto común por la decoración de rotondas.

Nuestra primera parada es Naqsh-e-Rostam una necrópolis donde fueron enterrados cuatro reyes importantísimos en la historia de la antigua Persia: Jerjes I, Artajerjes I, Darío I y Darío II. Si has estado en Petra no podrás evitar acordarte, pero estas tumbas tienen casi mil años más que las jordanas. Son muy impresionantes por la altura donde fueron escavadas en la roca y sus relieves son muy bellos.

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Después de descubrir una salamandra enorme, de que se me cayera el velo ochenta veces, y de esperar pacientemente por un zumo de granada en la entrada y ver como un cliente ofende al tendero y su hijo sale en su defensa a darle un zumo, pero de hostias, ponemos rumbo a Persépolis, tan desconcertados como acalorados.
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¡Hola! No soy la mujer de Farruquito. Soy Farah Diba y soy una zorra

¡Hola! No soy la mujer de Farruquito. Soy Farah Diba y soy una zorra

No tenemos muy claro qué nos vamos a encontrar en Persépolis. Entramos en un edificio con una sala de cine donde están poniendo un documental en farsi de cómo era Persépolis antes de que Alejandro Magno, el tío rencores, la destruyera, en venganza por la destrucción de Atenas por parte de los persas. Llegamos al final del pase, y como somos muy impacientes, decidimos imaginárnosla in situ y no esperar al siguiente pase. Después de caminar por una larga explanada sin sombra, llegamos por fin a la entrada y el segurata nos dice que tenemos que dejar todo en una taquilla que hemos dejado 200 kilómetros más atrás. ¡Me cago en mi estampa!

Después de cumplir el trámite, por fin subimos las escaleras de Persépolis, la ciudad que mandó construir Darío I, creada para impresionar por su exuberancia y extraordinaria grandeza. Me imagino, por el tamaño de las columnas que quedan en pie, de los capiteles y la riqueza de los bajorrelieves, cómo tuvo que ser y qué cara se les quedaría a los súbditos que 500 A.C. acudían a entregarle ofrendas y rendirle pleitesía. Fue Persépolis uno de los lugares más impresionantes del mundo ideados por el hombre. En 1971 se celebraron en Persépolis los 2500 años del imperio persa en una fiesta esperpéntica, decadente, de una ostentación bochornosa, con el sha Mohammad Reza Pahlevi y su mujer, Farah Diba como anfitriones. Farah Diba, que era muy sencilla ella, quería celebrar la fiesta más grande de todos los tiempos con motivo de su cumpleaños al que fueron invitados miembros de todas las casas reales del mundo. La cena, que se prolongó durante 6 horas y fue preparada por el famoso Maxim’s francés, entró en el Libro Guinnes por ser el banqute más largo y fastuoso de la historia moderna.

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Después de un par de horas, abandonamos Persépolis hambrientos. El conductor nos ofrece pararnos a comer en un restaurante de carretera, pero nos da penita tenerle esperando y entre que no habla nada de inglés y tal, pues tiramos para Shiraz, donde la oferta gastronómica es pequeña y menos a las cuatro de la tarde. Al final conseguimos llegar a un restaurante con buena pinta donde, además, hay opción de buffet, así que lo probamos todo. Uno de los camareros está buenísimo, pero no entra en el menú.

Como no estamos muy lejos caminamos hacia la ciudadela y nos conformamos con verla por fuera, ¡porque no paramos de comprar entradas! Después regateamos un taxi y descubrimos que a los persas no les va mucho el regateo, no les va nada, y son duros de roer y si te rebajan es muy poco.

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Llegamos al jardín donde se encuentra la tumba del poeta Hafez ¡para el que hay que pagar entrada! No es muy cara, pero hay una cola surrealista, que se nos hace mucho más amena gracias a un periquito azul que nos saca un verso a cada uno de una cajita. No os voy a mentir, la razón principal para visitar el jardín fue que leí que había periquitos que adivinan el futuro. Me chiflan. Dentro, el ambiente es muy agradable aunque hay mucha gente, ¡y muchas flores! La gente conversa y toma helados. Es muy relajante simplemente sentarse a mirar a la gente pasar o tocar con las puntas de los dedos la tumba del amado poeta natal de Shiraz.

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DSC00630Nos dejan probar una especie de arroz con leche que toma todo el mundo y que no nos gustó nada. Eran una especie de fideos fríos muy dulces, a los que además se les echa un sirope. En el jardín también hay una sala dedicada al zoroastrismo, una de las religiones más antiguas del mundo y la primera monoteísta. Descubrimos que los cristianos, los musulmanes y los judíos cogieron un huevo de cosas del zoroastrismo que les vino bien. Esto no lo pone en ningún lado, lo concluimos nosotros, que somos muy listos, aunque no lo parezcamos en las fotos.

Decidimos volver andando al hotel, aunque está un poco lejos, y por el camino vemos una fábrica de pan-balleta, y por quedarnos a mirar nos regalan unos cuantos. ¡Noooooooo!

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Llegando al bazar Vakil un hombre nos ofrece dormir en su casa. No es que parezcamos pordioseros, es que los iraníes son así de majos. Le informamos de que tenemos hotel y se queda más tranquilo. Un niño se nos queda mirando mientras hablamos con el señor y su padre sale y le suelta una colleja tan gratuita como graciosa.

Atravesamos los dos kilómetros de bazar. Son más de las nueve y media de la noche y casi todas las tiendas están cerradas, pero mola mucho ver a los tenderos recoger sus mercancías.

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A la salida del bazar nos tomamos unos riquísimos zumos naturales de melón y vamos al hotel, donde descubrimos que nos han cambiado a la zona menos noble y nos han metido en un zulo del averno, donde hay 200º. Protesto y me dicen que me harán una rebajilla (de mierda) y nos subimos a la azotea a conectarnos a internet y tomarnos unos yogures. No tenemos claro si alquilar coche para ir a Yazd o pillar autobus. Al final, tras un malentendido donde me cabreo como una mona después de esperar a éstos 20 minutos en recepción, decidimos que viajaremos en coche. Nos vamos a dormir. ¿Soñé con Persépolis, con las vidrieras de la Mezquita Rosa o con los periquitos del jardín del poeta Hafiz? No, soñe con matar a Iker y a Soraya.

3 comentarios

  • Responder José Luis Gómez 11 junio 2017 a las 5:24 pm

    ¡¡¡Qué pasada!!! Me encanta, os sigo leyendo.

  • Responder David 22 junio 2017 a las 8:04 am

    Jajajajja! Me he reído un montón con la colleja al niño, nosotros también vivimos algún momento colleja infantil por cotilla! Por cierto, el “arroz con leche ese raro” se llama Faloodeh, son fideos de arroz congelados con agua de rosas y sorbete de limón, a mí me encantó! y el primero que probamos fue precisamente en la tumba de Hafez. Que por cierto, el puesto de los helados fue el único lugar de todo el viaje donde nos tangaron por guiris, les monté un pollo descomunal y al final terminaron devolviendome el eurillo 😛

    Ps: yo de mayor me voy a hacer zoroastra (o zoroastrista, aún no lo tengo claro)

  • Responder Sora 22 junio 2017 a las 2:45 pm

    Zoroástrico más bien! XDD

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