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Diarios de viaje Irán

¡Con velos y a lo loco! 1 – Ruta por Irán paso a paso

4 junio 2017

Shiraz
Tras dos intensos días en Dubai, entramos a Irán por el sur, volando a Shiraz con FlyDubai, el Ryanair dubaití que nos la lió como suelen hacer estas compañías garrafón. En Dubai gastamos hasta el último dírham y fuimos al aeropuerto ya sin pasta, con un Uber. Una vez allí, y tras esperar en la cola de facturación a la gente más pesada del mundo, nos dicen que las mochilas hay que plastificarlas y meterlas en una caja. Nunca nos habían pedido nada similar, y bastante cabreados, vamos a cumplir el trámite, para el que tuvimos que volver a cambiar dinero, porque no aceptaban el pago en euros o con tarjeta. Así que embutimos al vacío tres mochilas en una cajita para no tener que pagar tres.

Volamos con la gente más pesada del mundo, con los móviles más ruidosos del mundo y los niños más llorones del mundo. Todo era un infierno hasta que una maravillosa azafata llamada Yolanda, nos recita en español nuestros nombres y nos cuenta que es asturiana y que le hace mucha ilusión hablar con nosotros. Nos agasaja con unas bolsitas llenas de cositas de beber y comer, porque es la jefa, porque le da la gana y porque es más maja que las pesetas.

Un sorprendente lago rosáceo aparece en el paisaje poco antes de aterrizar en Shiraz. Nada más bajar del avión nos encontramos con el cartelito que nos indica que debemos ponernos el hijab. Tras rellenar la hoja de inmigración y abonar el visado (75€), recogemos nuestra caja mágica con las mochilas y vamos a Shiraz.

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Desenvolviendo la caja sorpresa

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Dejamos las cosas en el hotel y vamos al bazar Vakil en busca de un lugar para comer. Allí probamos nuestros primeros kebabs iraníes (que no son como los turcos) y el yogur líquido (también parecido al ayran turco, pero también distinto). En la mesa del fondo un grupo de cinco chicas iraníes, todas muy repintadas y muy guapas no paran de mirarnos con descaro y saludarnos con enormes sonrisas. En el bazar descubrimos un caravanserai y nos tomamos un helado de azafrán. Después posamos con unos fans de Irak, muy simpáticos, que están bastante más interesados por nosotras que por Iker y Alberto.

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Preparados para nuestro primer kebab

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El bazar está bastante vacío, porque a esas horas, la gente se refugia en casa del calor para salir más tarde. Así que decidimos volver después e ir a ver nuestra primera mezquita, la Vakil Mosque, famosa por su “bosque de columnas”.

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Vakil Mosque

Echamos a andar y descubrimos a lo lejos una bonita cúpula. Nos dejan entrar sin problemas a la mezquita pero nosotras nos tenemos que poner un chador bastante feo. También entramos por puertas diferentes y flipamos con las paredes llenas de millones de espejitos cortados geométricamente reproduciendo estrellas y formas florales. La iluminación hace que todo parezca que está cubierto de diamantes.

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No queda mucho para el atardecer, así que es buen momento para visitar el mausoleo Shah-e-Cherag, uno de los centros de peregrinación más importantes de Irán. Yo estoy muerta de sed y el amable guarda de la puerta me invita a servirme agua en la garita. Pero no es agua, sino agua de rosas, tan dulzona que da más sed de la que quita. ¡Qué golosos son estos persas!

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Una voluntaria, muy monjona, nos ayuda a ponernos una sábana enorme encima, para cubrir nuestros voluptuosos y pecaminosos cuerpos femeninos. Asadas y ridículas, nos sentimos como las hijas bastardas del jorobado de Notre Dame y Doña Rogelia.

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Señora despollándose sin cortarse un piño

La monjona nos explica cada lugar pero no nos deja entrar en ninguno, así que la odiamos un poco. También porque en cuanto se nos abre la sábana, nos la ata rauda y veloz. Nos ve un poco revoltosos y con demasiado cachondeo, así que nos lleva un rato a la oficina donde intenta relajarnos invitándonos a galletas y agua. El mausoleo es muy bonito, pero estamos demasiado concentradas en que no se nos caiga el sayo, que además de dar mucho calor, resbala un montón.

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La monjona nos da toda clase de explicaciones en un tono monocorde que hace que desconecte al segundo cero. La entrada es gratuita y la visita guiada también, así que nos despedimos de la monjona dándole las gracias, felices de quitarnos la sábana de encima.

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Somos muy felices al descubrir los puestos de zumos de frutas naturales. Los de melón y zanahoria los pedimos a pares. Yo también pruebo unas bolitas con chocolate que no había vuelto a ver ¡desde Japón!

Nos damos otra vuelta por el bazar en busca de dónde cenar y en vista del éxito decidimos ir a nuestro hotel Niayesh, donde cenamos y disfrutamos de unas shishas que nos ponen muy tontos.

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Continuará…

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