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Escocia

Ruta por las Highlands en 2 días y medio

1 octubre 2016

Acabamos de llegar de un breve viaje a Escocia de cinco días con la firme intención de volver y dedicarle el tiempo que se merece. Sabíamos que nos íbamos a encontrar con paisajes preciosos y gente encantadora, pero lo que nos hemos encontrado es aún más espectacular de lo que nos esperábamos, de hecho hasta nos sentimos culpables de no haber ido antes. El viaje ha sido genial, y si tenemos que poner alguna pega ha sido la comida, repetitiva y grasienta.

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Nuestra ruta por las Higlands

Lo de conducir por la izquierda ha resultado más fácil de lo que esperábamos (sobre todo para mí que he ido todo el tiempo de copiloto ;)). Hay que recordar todo el tiempo “izquierda, izquierda, izquierda”. Después de cenar en Fort William, Soraya se dejó llevar… por la derecha, y un taxista empezó a pitarnos por ser un pedazo de kamikazas. Nos partimos el culo pero no pasó nada, porque afortunadamente no había nada de tráfico en ese momento. Ha sido el único percance, ese y el de darle un buen golpe con nuestro retrovisor a otro de un coche aparcado nada más salir de la casa de alquiler. Y es que lo habitual de los conductores que se estrenan conduciendo por la izquierda es pegarse demasiado al arcén e, incluso, salirse del carril, así que el copiloto tiene que estar atento para corregir al conductor.  Lo peor de conducir en Escocia es que las carreteras son muy estrechas y solo encontrarás autovías en las entradas de las grandes ciudades. Volviendo de Inverness nos desesperamos porque iba un plasta a 50 km/h formando una cola tremenda y no había manera de adelantarlo. Por estas razones tienes que calcular que aunque las distancias no sean muy grandes, se invierte bastante tiempo. Si utilizas google maps sin conexión, como hicimos nosotras, calcula siempre un poco más de tiempo de lo que te diga.

Pero vamos al lío. Dedicamos dos días enteros a Edimburgo  y los dos y medio restantes a las Highlands. La ruta es cañera pero perfectamente posible, de hecho llegamos a los hostales siempre antes de que anocheciera y salíamos sobre las 9 de la mañana.

En el próximo post os contaremos qué hacer en Edimburgo en dos días. 

Ruta por las Highlands: 

  • Día 1: Stirling, Callander, Loch Lubnaig, Balquhidder, Killin, Glencoe, Fort William
  • Día 2: Castillo de Eilean Donan, Castillo de Urquhart en el Lago Ness, Inverness y Pitlochry
  • Día 3: Pitlochry – Stirling – aeropuerto Edimburgo

Nuestro cochecito

Día 1: Stirling, Callander, Loch Lubnaig, Balquhidder, Killin, Glencoe, Fort William
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Después de liarnos un poco para salir de Edimburgo cogemos la M9 y tiramos hasta Callander, la puerta de entrada a las Highlands. Este pueblo forma parte de Loch Lomond & The Trossachs y es base para amantes del trekking que quieren explorar la zona. No para de llover (fue el único día que llovió) pero aún así Callander nos parece un pueblecito encantador. Allí compramos un meal deal en el Tesco para cuando apriete el hambre.

Cositas que se ven desde la carretera

Nos calamos en Callander

Nos calamos en Callander

El cementerio de Balquhidder

Nuestra siguiente parada es el Loch Lubnaig, uno de los muchos lagos que nos encontraremos por el camino. La lluvia no nos da tregua, pero aún así bajamos del coche para admirarlo desde la orilla. Tras un breve recorrido nos desviamos hasta Balquhidder donde se encuentra la tumba de Rob Roy, el famoso héroe de Escocia, y para mi el cementerio más bonito y con más encanto de todos los que hemos visto. Volvemos a desviarnos de la ruta para parar en Killin, porque nos han recomendado ver las Falls of Dochart, que creíamos que eran cascadas pero sería más correcto traducir como rápidos o corrientes de agua. El abundante caudal de agua oscura baja con una fuerza tremenda, saltando sobre las piedras, creando espectaculares olas… Allí tomamos un riquísimo café y un trozo de tarta casera en una cafetería de una señora encantadora que nos cuenta que está aprendiendo español con una app y que estuvo un mes veraneando en la Gomera. ¿Un mes en la Gomera?

Balquhidder

No es serio este cementerio

Balquhidder

Killin

Y aunque lo que hemos visto hasta el momento nos ha encantado, ahora empieza lo bueno de verdad. Recorremos la zona del Rannoch Moor, donde se ven algunas de las muchas ciénagas y empezamos a acercarnos a Glencoe, donde nos topamos con sobrecogedores paisajes de montañas, de las que caen cascadas por todas partes y nosotras en medio de los valles flipando con nuestro cochecito por la izquierda. Llovía. No sé como será verlo sin lluvia, supongo que de llorar. Después de pasarnos el centro de visitantes de Glencoe y dar la vuelta para verlo y descubrir que está cerrado porque ya es tarde, tiramos hasta Fort William y empezamos a ver el mar. Nuestro hostel está en el quinto carajo y después de dejar las cosas, nos vamos al pueblo a cenar. Se nos acoplan en el coche dos tíos, un inglés y un escocés. Uno de ellos lleva falda ¿quién es? Tras la cena de fish and chips y dos cremas de lentejas buenísimas,  hacemos involuntariamente el kamikaze por la carretera y volvemos al hostel, que está lleno de montañeros que van a subir el Glen Navis, la montaña más alta de Gran Bretaña. Cuando voy a pedir prestando un secador a la recepción me encuentro a Soraya jugando a las cartas con unos irlandeses. Yo me meto en el sobre. El resto de las tías vagas de la habitación ya están todas dormidas.

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Día 2: Castillo de Eilean Donan, Castillo de Urquhart en el Lago Ness, Inverness y Pitlochry

Sorprendentemente, pese a haber compartido la habitación con 14 tías más, hemos dormido de lujo. Desayunamos hablando de la tauromaquia con unas inglesas (hablando de que hay que abolirla, claro) y ponemos rumbo al Castillo de Eilean Donan, pero haciendo antes una parada en el Commando Memorial, un monumento a los soldados de la II Guerra Mundial, desde donde se ve muy bien el Glen Davis (si no hay niebla, porque nosotros lo vimos regulero).

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Commando Memorial

Camino al castillo de los Inmortales

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Tras más de una hora de coche, con paisajes preciosos donde vamos viendo un lago tras otro, llegamos al castillo de “Los Inmortales”: Eilean Donan. La imagen de la histórica fortaleza sobre el lago te transporta a la Edad Media. La imaginación vuela hacia historias épicas, fantásticas y macabras. ¡No podemos parar de hacer fotos!

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Nos encaminamos a ver otro castillo sobre otro lago, el más famoso de Escocia y del mundo: el Loch Ness. Desde la carretera vemos las esclusas del canal caledonio y alucinamos con las dimensiones del lago y lo oscura que es su agua. Yo veo al monstruo, varias veces…  en señales y hoteles. Unas veces tiene cabeza de dinosaurio y otras se parece más a un dragón. Llegamos al Urquhart Castle, el castillo del lago. Allí no lo han puesto tan fácil para el que no quiere pagar la entrada para visitar las ruinas. Un muro y la vegetación hace que tengas que pasar por caja si quieres verlo de cerca, o afanarte, como hice yo por echarle una foto desde lejos. La verdad es que después de Eilean Donan no nos quedamos con ganas de entrar, así que tiramos para Inverness para comer allí. La ciudad nos parece muy fea, pero como varias amigas nos han dicho que molaba mucho al lado del río, no paramos hasta que encontramos la zona bonita. Hay una carrera y Soraya me aparta para que no “moleste” y hace que se me choquen dos corredores. En fin, qué chica. El paseo es muy cuqui, pero no damos con un sitio para comer y es muy tarde, así que acabamos comiendo en un lugar muy rancio con camareros bordes y lentos y tenemos que tragar como los pavos y salir corriendo porque se nos ha caducado el ticket del parking.

Urquhart el castillo del lago Ness

De camino a Pitlochry hacemos varias paradas absurdas. La primera en Tomatin, porque me hace gracia el nombre y porque allí hay una destilería de whiskey muy famosa, pero como siempre, llegamos tarde y a las cinco de la tarde ya no se puede visitar.

El camino se hace un poco tedioso porque hay bastante tráfico, sólo dos carriles y se circula muy lento. El paisaje no es tan espectacular como el de la mañana, pero también tiene su encanto. Atravesamos el parque nacional de los Cairngorms, así que nos rodean bosques. Cerca ya de nuestro destino hacemos la segunda parada absurda para ver el Blair Castle, que no tiene nada que ver con los viejos castillos que hemos visto por la mañana. Se divisa desde la carretera y es de un blanco inmaculado. Pero como somos unas desgraciadas, también está ya cerrado y no podemos ni hacer la foto desde fuera porque hay un muro que lo impide. Antes de esto confieso que también paramos en otro lugar absurdo, donde vendían cosas carísimas y del que nos echaron porque estaban cerrando.

Queen´s view

Lo que no estaba cerrado, pero estaba a punto de ser tapado por el manto de la noche era la Queen´s View o el Mirador de la Reina, que ofrece una espectacular imagen del Lago Tummer. No sólo la vista disfruta del paisaje, también el oído, porque hay que esforzarse por escuchar los sonidos de la naturaleza entre ese silencio y el agua tan tranquila.

Y por fin llegamos al precioso pueblecito victoriano de Pitlochry. Descubrimos que nuestro hostel está en una colinita desde la que se divisa todo el pueblo. Cenamos mal y caro en uno de los pocos pubs que están abiertos el domingo por la noche y nos recogemos pronto e intentamos jugar al scrabble en inglés y un poco pedos, así que no terminamos la partida.

Desde la terracita de nuestro hostel en Pitlochry

Día 3: Pitlochry – Stirling – aeropuerto Edimburgo

Me despierto encontrándome fatal, con vómitos y fiebre. ¡Vaya manera de terminar el viaje!

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Después de un breve paseito por Pitlochry, vamos a  Stirling. Allí nos acercamos hasta el castillo y sus alrededores, tan interesantes o más que el propio castillo. Yo estoy hecha polvo y me voy al coche a tumbarme un rato mientras Soraya se acerca al centro de la ciudad que está al lado. Después nos tomamos una sopita caliente que me hace revivir un rato y nos acercamos en coche al monumento a William Wallace.

El monumento a William Wallace a lo lejos

Stirling

Y de allí al aeropuerto, no sin antes parar en un Tesco, a comprar un par de cosas para evitar los sablazos del aeropuerto, ya que no vamos a llegar a casa hasta las doce de la noche. Nos perdemos un poco y además tenemos que parar a echar gasolina, así que llegamos estresadas, para no variar, al aeropuerto. Y para no variar tampoco retrasan nuestro vuelo. La fiebre hace que tiemble y no por las turbulencias, que me suelen dar miedo, pero en esta ocasión son lo que menos me importa. Tras una escala en Londres, llegamos a media noche a casa donde nuestra gata nos recibe con un amoroso… zarpazo.


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