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Escocia

Dos días en Edimburgo

9 octubre 2016

Primer día
En el anterior post os hablamos de la ruta en coche que hicimos por las Highlands, pero antes disfrutamos de dos días en Edimburgo y aquí os lo contamos todo. Pillamos un vuelo directo desde Madrid con British Airways a las nueve menos cuarto y aterrizamos a las diez y diez (hora local), con 20 minutos de antelación, en Edimburgo. Hace una temperatura magnífica y luce el sol como en Madrid, así que no podemos estar más contentas.

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Saint Giles

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Como no facturamos, salimos pitando a coger el bus Airlink 100 (£4.50) que nos deja en el centro de Edimburgo. dsc05638En el bus conocemos a dos españolas que viven allí (como tropecientos mil más) y que nos hablan de lo majos que son los escoceses, algo que descubriríamos enseguida.  Nos bajamos en la última parada, en Waverley Bridge, que nos deja muy cerca de la Royal Mile y por lo tanto de nuestro hostel. No podemos hacer el check in así que dejamos la mochila y salimos a conocer la ciudad, después de cambiar dinero. Empezamos a subir por la Royal Mile, que es la calle central de la ciudad vieja, en dirección al castillo, y descubrimos la falsa catedral Saint Giles, con su extraña cúpula hueca en forma de corona real. Esta iglesia presbiteriana está dedicada al patrón de la ciudad y ha sido testigo y víctima desde el siglo XII de los envites de la historia. Delante del castillo están montando un anfiteatro metálico horroroso para un evento musical, así que está todo lleno de grúas y andamios y han jodido completamente la vista de la fortaleza. Por el camino nos cruzamos con los primeros señores con falda y nos hace mogollón de ilusión. La mayoría eran guías turísticos, pero después veríamos también por las Highlands y otras calles menos turísticas de Edimburgo, señores que utilizan la prenda de forma habitual y no como reclamo turístico.

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Entramos hasta donde nos dejan sin pagar en el castillo de Edimburgo, porque nos han dicho que no merece la pena verlo por dentro, así que luego iremos en busca de una buena vista desde abajo.

Empieza a apretar el hambre y entramos a comer una patata rellena en “The Baked Potato Shop”. Tienen tres tamaños y resulta que la pequeña es enorme y le puedes añadir los ingredientes que quieras. Está buenísima, es barata y es una buena opción para vegetarianos y veganos.  Probamos el Irn Bru, que es el refresco típico escocés y que a Sora le recuerda a la Inca Kola peruana.

Rellenas como las patatas, dejamos nuestras cosas en la habitación del hostel que está en una séptima planta y flipamos con lo enormes que son los pies de una de nuestras vecinas. Luego descubriremos que se trataba de un tío, y yo estaba convencida de que había reservado una habitación femenina… pero no.
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Salimos como dos zombies en busca de un buen café y después de encafetarnos entramos en el cementerio de Greyfriars. Muy cerca de la entrada está la estatua de Bobby, un perro muy querido en Edimburgo, que permaneció al lado de la tumba de su dueño hasta que murió.

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Cementerio de Greyfriars

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Y llegamos a Grassmarket. En esta plaza se celebraban los eventos más importantes de la ciudad, como las ejecuciones públicas. Allí tenemos la vista del castillo desde abajo que queríamos. Grassmarket es mi sitio favorito en Edimburgo.

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El castillo de Edimburgo desde Grassmarket

Nos dirigimos a Victoria Street, la calle más singular de Edimburgo (y una de las más curiosas del mundo, diría yo). Es una calle en curva con dos niveles muy diferenciados y de muchos metros. Victoria Street también tiene coloridas tiendas donde puedes encontrar objetos muy curiosos.

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Me parto y me mondo

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Vitoria Street desde abajo

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Disfrutando del sol en Edimburgo en la parte alta de Victoria Street

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Bajamos de la ciudad vieja hacia la ciudad nueva atravesando lo que llaman The Mound, una colina artificial que conecta ambas partes de la ciudad y que fue creada después de drenar el lago Nor, donde ahora están los jardines de Princess Street. En The Mound está la National Gallery, que no visitamos porque hacía demasiado buen tiempo como para “perderlo” en un museo, y por debajo está la estación de trenes. Sin duda, Edimburgo es una ciudad diferente.

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En los jardines está el monumento a Scott al que se puede subir. En Princess Street está Jenners, el Corte Inglés o el Harrods escocés. Después de deambular un poco por la zona, donde se encuentra George Street, la calle más pija de Edimburgo, paseamos por Rose Street y entramos en uno de sus pubs donde Soraya se calza una buena pinta y yo una de esas sidras de medio litro tan ricas que tienen. Allí le hago una foto a Soraya que nos ha dado mucho juego que pero que no puedo publicar porque es completamente infernal.

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Uno de los muchos pubs de Rose Street

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Vista del castillo desde Princess Street

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La ciudad vieja desde Princess Street

Volvemos a subir (literalmente) a la ciudad vieja. Quizá os parezca absurdo pero a las dos la llegada a Edimburgo nos recordó inmediatamente a Siena.

Decidimos volver a Grassmarket para cenar en uno de sus muchos pubs y elegimos “The last drop”, cuyo nombre hace referencia al último trago al que tenían derecho los condenados a muerte y que se tomaban allí mismo. Es el más antiguo de la ciudad, pero esto lo descubriremos después.

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Cowgate

Nos damos una vuelta por Cowgate, que es zona de marcha pero como es temprano, sólo hay gente en garitos donde les doblamos la edad a la parroquia, así que emprendemos peregrinaje a Rose Street, pero allí la gente nos dobla la edad a nosotras. Decidimos entrar igualmente en un pub pero el olor a fritanga chunga es demasiado y en una de las calles que cruza vemos unas luces rojas que nos indican que ahí está lo que buscamos, no sin antes cruzarnos por la calle con un tipo borracho que lleva la polla fuera… Hola, ¿qué tal? ¿Así entregan los flyers aqui o qué?

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El castillo de noche

En el garito nos moñamos un poco y lloramos de risa viendo la cara de mongas que tenemos en muchas fotos y que desde luego no subiré al blog jamás. Al salir llueve, una chica que estudia español nos dice que sólo está empezando, así que salimos pitando al hostel.

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Bares, qué lugares…

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Este es el paisaje tan feo que veíamos de camino al hostel

Segundo día 
Me asomo a la ventana ¡no llueve! Tengo antojo de un desayuno escocés y salimos en su busca. Aunque es más que completo, nos encontramos precios de £11 para arriba y nos parece un poco canteo, así que continuamos con la búsqueda de una cafetería buena, bonita y si es posible, barata. Y entonces encontramos una que tiene buena pinta y además, te da la opción de dejar aparte los haggis, (un plato que donde se cuecen las vísceras del cordero u oveja con harina de avena, especias y cebolla durante horas y se embuten dentro de una bolsa estomacal del animal).

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Desayuno escocés, un desayuno de campeones

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Me alegro de no haber pedido los haggis, no soy tan valiente. Soraya se toma dos tortitas sin sufrimiento animal. Desde la cafetería hay unas vistas magníficas al castillo que se alza sobre una colina. Cuando voy al baño me sorprende que está todo lleno de pintadas con frases y dibujos hasta el techo. Y muchas hacen referencia a Harry Potter.

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montaje

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J.K.Rowling

Y no entiendo nada. Y al salir, veo al lado del baño un marco iluminado con fotos de J.K. Rowling y algunos artículos donde se le ve a ella en aquel lugar. ¡Es la famosa cafetería donde nació Harry Potter y hemos entrado ahí de coña! Nuestro criterio para entrar fue que podías elegir quitar los haggis del desayuno, ahorrándote una libra y media. O sea, que entramos en el pub más antiguo de Escocia para cenar de pura coña y la cafetería de Harry Potter, ídem. Tenemos una flower in the ass. He de decir que no soy nada fan de Harry Potter, de hecho, sólo me he dormido una vez en el cine y fue con la primera del niño mago. Pero bueno, me hizo un poco de ilusión y todo. Ah, se llama “The Elephant”.

Con el “sano” desayuno escocés en el estómago, tan rellena como un haggi, vamos a Dean Village sin saber muy bien dónde está. Una amable señora nos indica y nos dice que está muy lejos, pero no es para tanto. Antes entramos en una cafetería en un sótano que tiene unas tartas con una pinta que te cagas, pero ya nos sentimos muy obesas mórbidas y nos conformamos con unos buenos cafés dobles para llevar… Sí, estamos enganchadas, ¡¿qué pasa?!

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Dean Village

Dean Village es un pueblecito en el valle por el que discurre el rio Leith que fue fundado en el siglo XII por los abades de Holyrood. Hay muchas casas de piedra del siglo XVII que se conservan en perfecto estado. Después de cotillear por el pueblecito seguimos caminando por la ribera del río y volvemos a la ciudad.

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Esta fiera se puso a ladrarnos

Caminando por Princess Street a la derecha nos encontramos el famoso y lujoso hotel Balmoral, otro de los iconos de Edimburgo. Y enseguida ascendemos hasta la Calton Hill, una colina desde la que se ve toda la ciudad de Edimburgo. A mí personalmente me gusta más la vista desde Princess Street, donde se ve todo al otro lado el perfil de la ciudad vieja, porque desde la colina se ven también las nuevas edificaciones mucho más feas y menos interesantes, aunque algunas tienen ¡jardines y árboles en las azoteas! A Calton Hill la llaman la “Atenas del norte”. Odio esos calificativos ridículos donde siempre se tiene que comparar una cosa con la otra más conocida, porque además de crear falsas expectativas, la menos conocida sale muy mal parada. Vamos, que aunque hay algunas construcciones de inspiración griega da mucha penita que lo llamen la Atenas del Norte.

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Vistas desde Calton Hill

Hay mucho viento y como no queremos salir volando vamos a comer para ganar lastre. Encontramos un sitio de sándwiches y sopas bastante “apañaos”. Después entramos en HyM para comprar un pañuelo, porque hace un poco de fresco. Al final no compramos nada, pero el monguer sí lo hicimos un rato, para variar.

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¡Qué ricas estaban!

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Monguerwoman

Cambiamos más pasta y volvemos al hostel para abrigarnos un poco más, porque cuando se pone el sol baja mucho la temperatura. Hoy bajamos por la Royal Mile en dirección opuesta, o sea, en dirección al Palacio de Holyroodhouse. De camino nos topamos con el Cementerio de Canongate, donde se encuentra enterrado Adam Smith, el padre de la economía moderna, como bien sabéis, amigos. Me encanta y me sorprende que los edificios estén completamente pegados al cementerio. ¿A ti te molestaría asomarte a la ventana y ver solo tumbas? A mí, si es tan bonito como éste, no me importaría nada.

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Después entramos en la iglesia de Canongate, donde exhiben fotos de la reina visitándola en diferentes ocasiones y también de unos cuantos pijos “nobles” que se han casado allí. La iglesia tiene un color azul muy bonito y me recuerda a varias iglesias “marineras” que he visto en Porvoo (Finlandia) y Galle (Sri Lanka). La entrada es gratis, pero piden un donativo de dos libras. Que done la puta reina. En Escocia muchas iglesias han sido vendidas por no poder afrontar los gastos de mantenimiento y han sido reconvertidas en bares o tiendas.

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Adam Smith debía tener el tamaño de un click de playmobil

Al final de la Royal Mile y en el extremo opuesto del castillo de Edimburgo, se encuentra el Palacio de Holyroodhouse, que nos conformamos con ver por fuera. Ha sido la residencia principal de los reyes y reinas de Escocia desde el siglo XV y allí también pasa unos días en verano Isabel II, que es una señora, como bien sabéis, de gustos sencillos. Está lleno de pasadizos secretos, túneles y sótanos, pero los veremos en otra ocasión. Hace demasiado buen tiempo para “encerrarnos” en un palacio.

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Palacio de Holyroodhouse

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“Admiramos” el nuevo parlamento escocés, obra de un arquitecto catalán. Seremos unas garrulas, pero nos parece horroroso. Y nos encontramos con la entrada a otro cementerio asentado en una colina. Sí, me encantan, lo reconozco. Es el Old Calton Burial Ground y allí están enterrados muchos personajes ilustres escoceses como el filósofo David Hume.

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Old Calton Burial Ground

Salimos de nuevo al otro lado de la ciudad desde donde tenemos una vista del cementerio de Canongate desde la distancia y del Arthur’s Seat, el pico más alto del grupo de colinas que hay en Holyrood Park. Esta montaña, antiguo volcán extinto, es el punto más alto de Edimburgo con 251 metros.

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Arthur´s seat y el cementerio de Canongate

Volvemos a la Old Town cruzando North Bridge, el puente de los suicidas, cruzándonos todo el rato con pelirrojos. ¡Pero cuantos hay! Y entramos en una tienda de souvernirs para ver las botellas de whiskey y los kilts. Soraya quiere comprarse una camiseta naranja donde se lee “Justice for gingers”, pero no siendo pelirroja no tiene mucho sentido, así que desiste.

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El puente de los suicidas sobre la estación de tren

Después de adquirir un broche monísimo de un gato astronauta en un mercadillo que hay en la Royal Mile, volvemos al hostel donde conocemos a nuestro nuevo compañero de habitación, un iraní que vive en Australia. Cruzamos los dedos para que nadie ocupe la cama que queda vacía, pero a las cuatro de la madrugada entrará un tipo danto tumbos, completamente borracho, que se tiró a la cama y empezó a roncar como un oso y se despertó a la hora y empezó a jugar al candy crush a todo volumen. Cabrón.

Pero volvamos a la tarde. Salimos del hostel y nos vamos a cenar a “The World´s end”, porque nos gusta el nombre porque presume de tener el mejor fish&chips de la ciudad. Nos toca esperar por la mesa, así que nos acoplamos a la barra donde las sidras y las cervezas nos alegran una espera, ya de por sí alegre.

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Con una castaña importante nos sirven fish&chips que estaba bastante bueno (mucho mejor que los que probé en Londres) y un plato de haggis vegetariano (sí, no tienen ningún sentido) que a mí no me gustó nada.

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Después hicimos el tour de los fantasmas, porque nos lo había recomendado todo el mundo que conocemos que había visitado Edimburgo. Soraya, que ha esperado 15 minutos a que se reúna el grupo, se le antoja ir a mear justo cuando ya estamos todos. Grr. Descubrimos gracias al tour que unos adoquines dorados en la Royal Mile, que a simple vista pasan desapercibidos, delimitaban la zona donde se encontraba una cárcel terrorífica, la peor de Europa. Supimos de las torturas a los que sometían a los presos para que confesaran sus delitos en el lugar donde se ajusticiaba a brujas y maleantes. Nos adentramos por un arco en una plaza donde la gente siente, a veces, que alguien coge su mano, probablemente el alma en pena de uno de los muchos niños que murieron atrapados en sus casas que se tapiaban cuando alguno de sus vecinos se contagiaba de peste. Y de allí al cementerio que habíamos visitado la tarde anterior, eso sí, a oscuras. Allí comprendimos por qué hay jaulas, para evitar que los asaltadores de tumbas se llevaran los cadáveres para vendérselos a los estudiantes de anatomía. Y conocimos la historia de una mujer catatónica que revivió cuando los asaltadores de tumbas le intentaron cortar un dedo para quitarle uno de los anillos que llevaba puestos. Y entramos en la ciudad subterránea, para mí lo más interesante del tour, aunque la visita fue muy breve. Bajo los edificios de South Bridge hay un puente subterráneo de gran profundidad, con numerosas cámaras en los diferentes arcos que fueron utilizadas como lugar de almacenaje y después como lugar donde malvivieron muchas personas. Después se convirtió en un espacio clandestino donde se vivía al margen de la ley. No es difícil imaginarse cómo tenía que ser vivir en esa madriguera húmeda, sin luz ni ventilación…

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Se pone el sol y salen los fantasmas

Salimos de la ciudad subterránea y nos acercamos a Cowgate, que está justo debajo de South Bridge, donde hemos estado en las catacumbas (aunque no es correcto llamarlas así), y entramos en un pub que parece una iglesia donde una banda hace covers de Rage 14441137_10154502900985786_8199397530502807985_nagainst the machine.

Aunque nos da pena volver al hostel, llevamos desde primera hora sin parar y hay que madrugar para coger el coche hacia las Highlands. Los fantasmas no dejan dormir a Soraya. A mí no me deja dormir el gilipollas borracho que ha entrado en la habitación a las 4 de la mañana.

Al día siguiente comenzaba nuestra ruta por las Highlands y soñando con ellas, por fin, nos dormimos.


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