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China

Ruta por China paso a paso (1ª parte)

21 agosto 2016

Como sabéis recientemente hemos estado en China y nos ha sorprendido mucho y para bien. El itinerario ha sido muy completo y variado así que os puede servir para planificar vuestro viaje . Aquí está nuestra ruta por china paso a paso.

1 Madrid – Beijing (9.250km)
Salimos el sábado de Madrid a las 10 y diez de la mañana con rumbo a Beijing con AirFrance, haciendo una escala en París de dos horas en el Charles de Gaulle, donde nos encontramos con Iker, que viene de Burdeos. Aterrizando en Beijing, desde la ventanilla vemos un sol rojo muy extraño que no duele mirar de frente. Enseguida nos damos cuenta que se debe a una gruesa capa de contaminación, que cambia el color de la luz y de nuestros pulmones.

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Amor, la Ciudad Prohibida y la contaminación

Llegamos a Beijing a las 6 de la mañana y somos agasajados con un cuesco de un operario del aeropuerto mientras recogemos el equipaje de las cintas. Cambiamos un poco de dinero y cogemos Tren Airport Express hasta la estación de Dongzhimen que conecta con varias líneas de metro y una terminal de autobuses. Calculamos a ojo sobre el mapa qué estación está más cerca de nuestro alojamiento, el Beijing Sunrise Youth Hostel y comprobamos que ni google maps, ni nada que tenga que ver con google funciona (ni funcionará el resto de nuestros días en China). Afortunadamente tomé la precaución de haberme descargado el City Maps 2Go, que aunque no es muy preciso y no señala todas las estaciones de metro, funciona offline y nos ha sacado de más de un apuro. En el hostel nos dan una habitación de cuatro minúscula, con un armario para las mochilas en medio. Pido otra y lo que me ofrecen es un zulo sin ventilación, así que nos quedamos con el zulo ventilado y cruzamos los dedos para que no venga el cuarto elemento. El pasillo huele a los pies de Mao, pero los baños son muy amplios y están muy limpios. Dejamos las cosas y echamos a andar rodeando, sin pretenderlo, la Ciudad Prohibida y empezamos a flipar con la cantidad de turistas chinos que hay por doquier. Pasamos por el puente que cruza por encima del lago del Parque Beihai, pero no entramos porque hay que pagar entrada y el poco dinero que tenemos preferimos gastarlo en beber algo frío. Como somos unos inconscientes, seguimos andando, hasta la Torre del Tambor, buscando un sitio donde cambiar dinero, algo que no nos resultó nada fácil, quizá porque era domingo. Cuando encontramos un banco abierto creedme si os digo que tardamos 45 minutos, a 15 por cabeza. Preparaos para rellenar y firmar doscientos papeles, a que examinen con lupa vuestro pasaporte, a que cuenten hasta 8 veces los seis billetes de cincuenta euros que cambiamos cada uno, después de un examen tan exhaustivo como exasperante. Y si llevas algún billete con una esquina doblada o con algo escrito, la has cagao.

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Torre del tambor

Felices con nuestros yuanes que tanto esfuerzo nos ha costado cambiar, nos metemos a comer en un hutong cercano a la Torre del Tambor. Afortunadamente la carta está llena de fotos con los platos, aunque algunos llevan a engaño, como el de Iker, que creyendo que su ensalada llevaba una especie de pasta rizada, se encontró con que eran callos picantes. Pero como es un valiente, se la comió. Después nos dejamos arrastrar por la marea humana por una calle comercial de un hutong llena de tiendas y restaurantes, de cuyo nombre no puedo acordarme. Tras cotillear las tiendas y descubrir una tienda de churros, vamos a visitar las Torres del Tambor y de la Campana, dos lugares emblemáticos de la ciudad. En la Torre del Tambor asistimos a una exhibición muy breve y con poca gracia, que los tamborreros ejecutan con cara de orto, poco ritmo y menos ganas. La verdad es que los japos con los tambores se lo curran bastante más.

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¡Churros en China!

Después de hacer un poco el monguer volvemos a la calle comercial para tomar algo fresquito en la terraza de una azotea baja, pero nuestro gozo en un pozo cuando suben los efluvios de los calamares que están friendo en el garito de abajo, y nos recalientan y nos empapan en aroma fritanguero. Allí se comen el calamar entero frito y rebozado como si fuera una piruleta gigante.

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Cervecita china

Llevamos 24 horas sin dormir, con un calor del copón y hemos conseguido aguantar hasta el anochecer, así que emprendemos el camino hacia el hostel en metro, parando en una pastelería (hay pocas y son caras) para comprar alguna mierdecilla para cenar.
A las once de la noche, ya duchaditos y encamados aparece un p… chino en la habitación que enciende la luz y se larga a ducharse dejándola encendida. Cuando vuelve se pone a comer en la cama unas salchichas apestosas. Y cuando creemos que por fin se dispone a dormir, empieza a ver vídeos en el móvil a todo volumen. Me incorporo, me cago en toda su estirpe y baja el volumen. Estos chinescos, son de lo que no hay.

2 Beijing Plaza Tiananmen – La Ciudad Prohibida – Qianmen Street – Mercado de la Seda – Chaoyang 
Unas putas chinas nos despiertan dando voces en el pasillo a las cinco de la mañana. A partir de ahí caemos en la tortura de dormirnos para ser despertados una y otra vez por continuos gritos, portazos y carreras por el pasillo, que no amortiguan ni los tapones de los oídos.
Está medio lloviendo, pero sobre todo, ¡hace muchísimo frío y hay un viento horrible! Nos dirigimos a la Plaza Tiananmen en metro y esperamos una larga cola para pasar el control de seguridad para acceder a la plaza. Tenemos intención de ver la mojama de Mao, ya que pasamos de esperar la cola para ver la de Lenin en Moscú y la de Ho Chi Ming en Hanoi. Y una vez más nos vamos sin ver una momia comunista, después de flipar con la kilométrica cola.

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Frío y lluvia en la Plaza Tiananmen

Así que congelados y empapados, cruzamos la plaza en dirección a la Ciudad Prohibida, que está justo enfrente. Pese al día tan horrible que hace, hay muchísimos turistas chinos. El palacio impresiona por sus dimensiones (720.000 m² y casi 1000 edificios), porque durante cinco siglos fue el hogar de los emperadores chinos y por muchas razones más. Sin embargo, quizá porque estábamos helados, nos defraudó un poco que no se pudiera visitar casi ningún interior, así que la visita consiste casi exclusivamente en ir pasando de un patio a otro.

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Entrada a la Cuidad Prohibida. Hace años si entrabas sin permiso ,salías muerto.

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Primer megapatio de La Cuidad Prohibida

Tras echar la mañana entera en la Ciudad Prohibida vamos a visitar Qianmen Street, frente a la plaza Plaza Tiananmen. Callejeando encontramos un sitio con varios locales donde puedes elegir diferentes platos y bebidas de distintos “bares” y tomártelos en la mesa que te apetezca. Elegimos un wok al que le echamos un montón de verduritas, que estaban muy ricas y picantes, que nos gustó mucho, aunque confundimos unos dados blancos de pescado que no estaban nada buenos, con tofu, que era lo que queríamos.

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Con el simpático cocinero

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¡Delicioso y súper picante!

Con calorías en el cuerpo, recorremos el hutong, que está lleno de tiendas con souvenirs y seda, muy para turistas todo y flipamos con un tipo que te hace tu cara en un momento y la clava (será por eso de que los chinos son todos iguales).

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Igualico , igualico…

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No será por collares de bolas…

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La lluvia empezó a darnos una tregua

Por fin deja de llover y buscamos como zombies un sitio donde tomar un café (misión casi imposible) y encontramos una copia de un Starbucks tan caro o más que él. Pero nos da igual, depositamos la mitad de nuestro presupuesto en esos doble-shot que nos devuelven un poco a la vida. Después nos dirigimos al Mercado de la Seda, siguiendo las indicaciones de mi mapa en el móvil, pero no nos podemos creer que sea eso. Por eso preguntamos varias veces y todo el mundo nos dijo que sí. Es un centro comercial bastante desangelado, porque no hay casi nadie comprando. Quizá eso explique la agresividad de sus dependientas. Mucha imitación y morralla a precio como si fuera bueno, hace que se nos quiten las ganas de regatear. Nos esperábamos otra cosa. Somos muy fans del MBK de Bangkok (las tres veces que hemos ido no hemos faltado) y éste nos pareció frío y antipático (y mucho más pequeño, también). Además los chinos no saben regatear. Te piden una cantidad tan ridículamente inflada que resulta insultante y te quita las ganas de entrar a jugar, para rebajártela cuando te marchas hasta más de 10 veces su precio inicial. Es como llamarte gilipollas en tu puta cara, con caligrafía china, eso sí. Aún así compré un bolsito de tela, por el que fui metida por la fuerza en la tienda por tres dependientas (vestidas de militares, además, para dar el doble de miedo) que me mostraron su mayor cara de culo porque al final me sacaron mucho menos de lo que pretendían.
El famoso Mercado de la Seda no nos ha molado un pelo y recorremos la zona pija donde se encuentra ubicado, el distrito de Chaoyang, donde hay rascacielos, tiendas de lujo, embajadas y centros comerciales vacíos y con muchas tiendas cerradas, que dan entre miedo y pena. Nos sorprende que los aburridos vigilantes fumen dentro. En esa zona viven los guiris que trabajan en Pekín, y hay una calle entera llena de locales para occidentales, Sanlitun, con gran oferta de alcohol y camareras chinas pilinguis. Caminando un poco más encontramos una calle de restaurantes internacionales y cenamos frugalmente en un vietnamita.
Volvemos al hostel confiando en que nuestro amigo chino se haya ido, pero no, ahí está comiendo salchichas apestosas en su cama again…

3 Gran Muralla 
Amanece un día espléndido sin una sola nube en el cielo y sin la contaminación del primer día. La lluvia se la ha llevado para regalarnos un día precioso en la Gran Muralla. Después de investigar un poco, decidimos visitar el tramo de Mutianyu, al que le dedicamos un post completo con toda la información que puedas necesitar para llegar hasta allí. Si no tienes claro qué tramo visitar en este otro post te damos la información necesaria para que elijas cuál prefieres ver. A la Gran Muralla le dedicamos una mañana entera y parte de la tarde porque nos fascinó y se tarda más en recorrer de lo que la longitud del tramo te pudiera hacer pensar.

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Una vez en Pekín, y después de una larga caminata hasta la estación de tren, donde recogimos los billetes para Pingyao, fuimos a visitar la zona comercial de Wangfujing con su mercado nocturno donde podrás horrorizarte y probar brochetas de escorpiones con los pobres bichos pinchados todavía moviéndose. Encontrarás gusanos, estrellas de mar, y toda clase de tropelías para degustar o fotografiar, si te da asco o pena, como es mi caso. También hay comida “normal”, e incluso, sin sufrimiento animal.

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Mercado de Donghuamen

Muy cerca también visitamos el mercado nocturno de Donghuamen, de hecho lo visitamos antes que el otro, y aquí, por lo menos, no vimos ningún insecto ensartado vivo. Cenamos en los puestos callejeros, donde además de los consiguientes bichos puedes encontrar también brochetas de fruta, carne, pescado o tallarines. 

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Iker haciento amigos en el mercado de Wangfujing

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To be continued…

Algo de información práctica: 

  • Tren Airport Express: El precio del tren es de 25 yuanes por trayecto y parte entre las 6:20 y las 22:50 desde la terminal 3, y entre las 6:00 y las 22:30 de Dongzhimen. La frecuencia oscila entre 10 y 12 minutos.
  • Nos alojamos en el Beijing Sunrise Youth Hostel. 
  • App que utilizamos para llevar mapas offline City Maps 2Go.
  • Torre del Tambor: mide 46,7 metros y alberga 25 tambores que en el pasado fueron utilizados para marcar las horas del día. Precio: 30¥ y estudiantes 15¥.
  • Torre de la Campana: situada a 100 metros frente a la Torre del Tambor, mide  47,9 metros de altura y alberga una enorme campana de bronce de siete metros de altura  y pesa 63 toneladas. Precio: 30¥ y estudiantes 15¥. Se pueden visitar las dos por 40 ¥.

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