DSC03432
India

Anantapur, ciudad del infinito

17 abril 2016

Acabo de volver de la India y lo hago con una niña apadrinada. Se llama Divya y cumplió 11 años hace unos pocos días. Sólo la conozco por foto pero sé que sus padres se llaman Tirupal y Elisamma. También que tiene dos hermanos y viven en Akuthotapalli, en el distrito de Anantapur, en el estado de Andhra Pradesh, en el sur de la India. De allí vengo, de Anantapur, que significa ciudad del infinito, la segunda zona más árida de la India y una de las más pobres. Si hay algo infinito en Anantapur es la solidaridad. Y aún no he tenido tiempo de asimilar ni reflexionar sobre todo lo que he visto, escuchado y sentido durante estos ocho días. Ni sé si lo tendré. Por eso me he puesto a escribir, para intentar que no se me escape esa sensación que me he traído y que no quiero que se desvanezca.

DSC03314

DSC03404

DSC03581

Celebrando el Ugadi, el año nuevo indio

DSC03562

Subimos 600 escalones para ver el amanecer en Anantapur y allí nos esperaban los monos

Tengo que reconocer que me daba un poco de miedo este viaje, aunque ya había estado en la India y ya había visto algunas cosas que me habían sobrecogido. Quizá por eso, temía este viaje. Sin embargo, ha sido muy gratificante. He comprobado que los milagros existen y he recuperado la fe en el ser humano, casi nada… Ha sido un viaje de trabajo que me ha permitido entrar y ver lugares que de otra manera no hubiese visto, escuchar testimonios que de otra manera no hubiese escuchado y tener el privilegio de abrazar a Anna Ferrer, la viuda del filántropo Vicente Ferrer, la coartífice del milagro de Anantapur.

DSC03489

Una de las escuelas de refuerzo de la Fundación. Cuando los niños se hacen mayores les dan bicicletas para que no dejen de ir al cole porque está lejos.

Anna nos dijo que su mayor satisfacción después de más de 40 años trabajando a destajo, era la mirada de cariño y gratitud de la gente cuando va a visitar los pueblos. Nos dijo que lo imposible se hace posible a base de mucho trabajo. Nos contó que todo el esfuerzo merece la pena para erradicar la pobreza extrema, la que padecen quienes no tienen el control de sus vidas porque éste está en manos de otras personas, aquellos a los que por no tener nada, se les ha arrebatado hasta su dignidad. Y nosotros, que la conocimos una mañana especialmente calurosa (44º), en su sobrio y minúsculo despacho, el que fuera de Vicente, después de cinco días visitando casas, talleres, escuelas y hospitales, no pudimos reprimir las lágrimas.

_DSC0030

Con Anna Ferrer

Ella también se emocionó al hablar de Vicente, considerado allí más que como un santo, como un dios. A Vicente Ferrer no le gustaba posar para las fotos, ni los homenajes, pero en cada casa, hospital, escuela, taller o sangham, hay un retrato de Vicente. En el hospital de enfermedades infecciosas tienen una foto preciosa y enorme de Vicente y Anna. El director, Gerardo, un chico español muy joven, nos dice que los indios lo piden, que quieren tenerlos siempre presentes. Gerardo es un médico extraordinario, que podría estar ganando cinco veces más en Bangalore o en España, pero ha elegido dedicarle su vida a los pobres. Accede a mostrarnos el hospital y a contestar nuestras preguntas, pero no quiere salir en cámara. Obviamente no es de esa clase de personas que necesite reconocimiento o fama. Se ha contagiado de tuberculosis en el hospital. Él no le da importancia, y nos cuenta, orgulloso, que descubrieron que el oxígeno y la luz natural van en contra de la enfermedad, por lo que construyeron habitaciones con amplios ventanales donde corre el aire fresco del exterior que ha impedido que se vuelvan a producir contagios entre pacientes y familiares. Después de entrar en una de las habitaciones de enfermos de VIH, no pude entrar en la siguiente. Allí estaba Kyra, un niño que aparenta 10 años y que tiene 21. “Nació con el VIH, que impide un desarrollo normal. Cuando llegó aquí hace 3 años pesaba 14 kilos”, nos cuenta Gerardo. Los padres de Kyra murieron de sida y su abuela dejó de ocuparse de él. Ahora vive en el hospital porque tiene muchos otros problemas de salud relacionados con su enfermedad. Kyra habla con Gerardo como con alguien de su familia. Qué hubiese sido de Kyra si no lo hubiesen acogido en el hospital de la Fundación…

DSC03591

Casa de la Fundación para los más pobres, los intocables o los miembros de tribus excluidos del sistema de castas

¿Y qué hubiese sido de las mujeres con discapacidad que conocimos si no se hubiesen ocupado de ellas en la Fundación Vicente Ferrer? El nacimiento de una niña en la India ni si quiera se celebra, como sí se hace cuando nace un varón. Ni siquiera se informa a los familiares y vecinos. El nacimiento de una mujer supone contraer una enorme deuda, la dote. Y con la boda la hija pasa a formar parte de la familia del marido. Separadas de sus familias por el matrimonio, las mujeres no puede ocuparse de sus padres cuando se hacen mayores, por eso, entre otras cosas, las niñas no son bien recibidas. Y si se quedan viudas son repudiadas por la familia del marido y por los vecinos, se considera que dan mala suerte. Cuando son ellos los que enviudan, no hay mala suerte que valga.

DSC03368

Taller de costura de Bukkarayasamudram

Ser mujer en la India no es fácil y si además sufres una discapacidad tu vida será un infierno. Entrevistamos a varias chicas en los talleres de la Fundación donde les han proporcionado trabajo, cariño y un hogar. Les cuesta hablar de su experiencia. Las pocas que lo hacen no entran en detalles, no es necesario, ya es suficientemente duro. Todas cuentan la misma historia:“Me dejaban sola en casa todo el día. Ni mis padres ni mis hermanos me hablaban”. Alimentadas con las sobras (cuando hay sobras), estas chicas son ocultadas en las casas, consideradas un estorbo inútil ya que no “sirven” para trabajar en el campo. Los padres ni siquiera las cuentan cuando hablan del número de hijos que tienen. Sufren la discriminación en su propia casa y en su pueblo, donde nadie las llama por su nombre, solo por su discapacidad: “La coja, la ciega, la subnomal…”. Algunas han sido maltratadas, como si fuesen culpables de su desgracia.

DSC03333

Acostumbradas a ser invisibles, a no importarle a nadie, de repente, encuentran un hogar, un grupo de amigas, con historias similares a las suyas. Se sienten comprendidas, queridas y útiles. Por primera vez en sus vidas se sienten personas. Aprenden un oficio y reciben un salario. Tienen sus propias cartillas de ahorro y pueden permitirse, después de mucho trabajo, regalarse un capricho, una cadena, unos pendientes de oro, que lucen con el orgullo de quien se lo ha ganado a pulso. Y entonces, en sus casas y en sus pueblos comienzan a ser respetadas, miradas con otros ojos. Que alguien me diga si esto no es un milagro.

DSC03453

Taller de yute

DSC03467

Hora de comer

DSC03469

DSC03410

También tuvimos el privilegio de conocer a la líder de un sangham, que son asociaciones de mujeres que se reúnen para hablar de sus problemas, buscar soluciones y ahorrar solidariamente para emprender pequeños negocios que les permitirán tener independencia económica, salir de sus casas y ganarse el respeto social. Nos contó que antes los hombres se oponían, que consideraban que su sitio estaba en las casas. Ella nos contó, orgullosa, que antes era analfabeta y solo podía firmar poniendo el dedo, y que ahora es la líder de su pueblo y ha aprendido muchas cosas, entre ellas a sacar adelante un negocio y a resolver los problemas de sus amigas y vecinas. Ellas convencieron en sus casas de la importancia de que las niñas también fuesen a la escuela. Ellas están liberándose poco a poco de las cadenas impuestas por la superstición, la religión y la ignorancia. Ellas están cambiando la India.

Tras ocho días de historias, miradas, sonrisas y sensaciones que se te clavan en el alma, abandonamos Anantapur, uno de los lugares más pobres de la tierra, para hacer escala en Dubai, uno de los más ricos, donde la opulencia y el derroche extravagante y obsceno nos miran por encima del hombro desde el rascacielos Burj Dubái, el más alto del mundo.

DSC03601

Dubai

Y no puedo evitar pensar cuántos niños se podrían apadrinar con lo que costó esa torre, y que el mundo es estúpido y que competimos por ver quién la tiene más larga cuando hay tantos que no tienen nada. Afortunadamente hay muchas buenas personas, que dedican parte de su vida a mejorar la vida de los demás. Y yo he tenido la suerte de conocer a muchos de ellos, y me dan envidia, porque ellos sí están haciendo algo valioso, porque sus vidas sí tienen sentido. No deberíamos pasar por este mundo sin hacer algo bueno.

vicente ferrer

“Ninguna acción buena se pierde en este mundo. En algún lugar quedará para siempre”. Vicente Ferrer.

Info práctica: 

Si quieres visitar la Fundación Vicente Ferrer por tu cuenta, para conocer los diferentes sectores de actuación (educación, sanidad, personas con discapacidad, mujer, vivienda y ecología) que se están llevando a cabo en Andhra Pradesh, tienes que contactar con la oficina central en Barcelona llamando al 900 111 300 y ellos tramitarán tu visado.

Cómo llegar a Anantapur: 

  • Vuelo: el Aeropuerto Internacional de Bangalore es el más cercano a Anantapur.
  • La distancia de Bangalore a Anantapur es de 215 km y puedes ir en
    • Tren: desde la Estación de Bangalore City (tarda entre 4 y 5 horas)
    • Bus: desde la Estación Central de Autobuses Bangalore City (tarda 5 horas y media)
    • Taxi: desde el aeropuerto (tarda unas dos horas y media). La carretera es excelente.

Alojamiento: 

  • Te alojarás en el campus central de la Fundación en Anantapur durante un tiempo máximo de 4 días y en régimen de pensión completa. En la cantina de la Fundación hay comida occidental e india, y está muy buena.

Sin comentarios

Dejar un comentario

Al principio