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Sri Lanka

Diario de Sri Lanka – Capítulo 14 (Ella – Tissamaharama)

24 agosto 2014

Después de una noche absurda donde dormimos poco y el rato que lo conseguimos tuvimos pesadillas con miles de cucas como figurantes, nos levantamos, desayunamos y nos fuimos a la inexistente parada de autobuses de Ella, que aunque no haya nada que indique que existe, todo el mundo sabe donde está. Allí esperamos una hora, que nos amenizó un vejete simpático que nos contaba a donde iba cada bus que paraba y que nunca era el nuestro. La hora de llegada del bus era impredecible, así que lo mejor era no movernos. Cuando llevamos ya una hora aparecen unas guiris y un minuto después el autobús. Para colmo, las muy zorras suben primero y ¡nos quitan los únicos asientos libres que quedaban! Les echamos todas las maldiciones gitanas del mundo, aunque a lo largo del viaje conseguiremos por fin sentarnos.

En las paradas subían vendedores de todo tipo de “snaks” de lo más rico y natural. Soraya compra una mazorca y yo saco un mejunje energético de Decatlhon que sabe fatal. Al autobús suben un montón de colegiales vestidos con un uniforme azul clarito, que nos miran y se ríen todo el tiempo. Acaban de salir del cole y van a comer a su casa, que está como a unos 20 o 25 kilómetros. Van de pie, porque no cabe un alfiler, pero van muy contentos y divertidos. Entonces, de repente gritan: “¡Panigamo juntion, Panigamo juntion!”. Bajamos corriendo y cogemos un tuk tuk sospechosamente barato (200 rps) a Tissamaharama. El tipo nos insiste en mostrarnos un hostel, y nos bajamos por no hacerle el feo, pero está en el quinto pino y le decimos que no. Le decimos que por favor nos lleve al Travellers Home, del que tenemos referencias, y nos lleva a regañadientes. Allí nos recibe una mujer gorda, simpática y con una camiseta en la que no le caben más lamparones. Nos esperábamos algo mejor, por lo que habíamos leído, pero acordamos quedarnos tras un duro regateo por 2000 rps. y el compromiso de contratar el safari a Yala con ellos.

Son las dos de la tarde, el marido, que es el que organiza el safari, nos insiste en que lo hagamos esa misma tarde por 11.000 rps. Sabemos que el precio no es una ganga pero tampoco el abuso que se suele estilar en Tissa. Se ve que el tipo tiene mucho interés en que lo contratemos y a nosotras también nos conviene porque vamos a ir solas con otro guiri, así que es prácticamente un safari privado, todo un lujazo.

Eso sí, estamos sin pasta y salimos zumbando carretera arriba, con una solana de terror en busca de algún banco abierto. Nos recorremos el pueblo y todos están chapados. No hemos comido nada, estamos insoladas y sin pasta y encima tenemos que volver pitando al hostel porque el jeep se pira a las tres de la tarde. Nos quedan unas cantidad lamentable de rupias que nos dan para comprarnos unas galletas sin sabor. Llegamos corriendo y explicando que si se fían les pagamos mañana y si no, pues nos quedamos sin safari.

Subimos a jeep, donde ya está sentado al fondo un australiano muy serio cargado con una cámara con un zoom de paparazzi que debe de medir como ocho metros. Nos ponemos en marcha, muy contentas, soñando con ver leopardos, algo muy difícil pero que a veces, y solo a veces, se consigue. Yala está a unos 40 km de Tissa y es el segundo parque más grande de Sri Lanka. Es una zona natural salvaje protegida desde 1938 donde viven en total libertad un montón de animales entre los que destacan los elefantes, leopardos y numerosas aves acuáticas. Entre octubre de 2007 y julio de 2008 la guerrilla tamil LTTE cometió varios atentados dentro del parque contra patrullas del ejército, por lo que lo cerraron al turismo, ahora es un lugar seguro.

Al llegar a Yala vemos un montón de jeeps llenos de chinos. Pero es un lugar enorme y enseguida tomamos un camino distinto y apenas si nos cruzamos con uno o dos jeeps. Yala tiene muchos lagos, de donde emergen las enormes cabezotas de los búfalos de agua. En las orillas, cocodrilos, que no parecen incomodar nada a los búfalos.

También vemos jabalíes, ciervos, monos, elefantes (no tantos como en Mineriya) muchas aves, una de ellas con un color azul precioso ¡y hasta una civeta!

De repente vemos varios jeeps aparcados y nos señalan un árbol lejano. No veo nada, pero aseguran que hay un leopardo. Pongo el zoom de la cámara a tope y ¡voilà! efectivamente hay un leopardo. Pero está tan lejos y hay tantas ramas delante que apenas lo distinguimos.

Paramos en la playa y nos bajamos del jeep. Yala está bañado por el océano índico. El tsunami de 2004 mató a unas 250 personas y muchísimos animales dentro del perímetro de Yala.

El australiano nos cuenta que esta es la tercera vez que viene a Yala, que es fotógrafo de animales y que hasta ahora nunca ha tenido suerte de ver al leopardo de cerca.

La visita al parque está siendo alucinante y vemos, con tristeza, cómo empieza a ponerse el sol. De repente el australiano le grita al conductor que pare. ¡Un leopardo! ¡un leopardo! y está muy cerca de nosotros. Se nos saltan las lágrimas de la emoción. No se puede ser más precioso. Parece sediento y está acercándose a un charco de barro donde está un búfalo sin ninguna intención de moverse. El australiano hace un millón de fotos.

En silencio seguimos con la mirada al leopardo que se mueve sigilosamente, sin percatarse de nuestra presencia. El conductor avisa y aparecen tres jeeps más, que le felicitan por el hallazgo (aunque quién lo vio fue el australiano)

Después de un rato los jeeps se van pero nosotros no queremos irnos nunca, aunque el conductor nos avisa de que el parque cierra a las seis y media y nos quedan menos de diez minutos para salir de allí. Está ya muy oscuro, pero el australiano dice que le da igual, que se espere, y nosotras encantadas.

Finalmente el leopardo desaparece entre los árboles. ¡Dios, qué maravilla! ¡Qué belleza de animal! Nos ponemos en marcha y vemos otro grupo de jeeps. ¡Hay otro leopardo! Eso sí, está mucho más lejos y ya hay tan poca luz que apenas se distingue. Nos dicen que somos “very lucky”.

El conductor está agobiado porque es tardísimo y prácticamente de noche y nos quedan muchos kilómetros para salir, así que pisa el acelerador a tope, cosa que no está permitida. Estamos tan felices y flipadas, pero también un poco acojonadas. Un coche le da el alto a nuestro jeep y le echan una bronca tremenda por la velocidad a la que iba. Pero en cuanto los perdemos de vista le vuelve a pisar a tope. El tío va tan estresado que no se percata de la enorme silueta redonda al lado de la carretera ¡¿Es que no ve que hay un elefante intentando cruzar la carretera?! El tío disminuye la velocidad cuando lo tiene ya casi encima y nos acojonamos al pasar literalmente a su lado. El pobre animal se asusta con el ruido del motor y las luces y se marcha corriendo. Unos minutos después se nos cruza un ciervo. Cruzamos los dedos para no llevarnos por delante a ningún animalito. Por fin salimos del parque y también le echan la chapa por lo tarde que salimos. El tío está estresadísimo y nos lleva a toda leche por la carretera. Ahora tenemos miedo de matar a alguien. Le decimos que nos deje en Tissa, ya que hay una tirada andando hasta el hostel. Queremos cenar y vamos al Royal, recomendado por la Lonely que es un puto asco, así que buscamos otro sitio y nos tomamos unos kothu rotti. Después volvemos al hotel. Antes de acostarnos, cierro la ventana, porque estoy convencida de que va a entrar una serpiente gigante por la noche.

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