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Sri Lanka

Diario de Sri Lanka – Capítulo 2 (Colombo)

11 noviembre 2013

Aterrizamos en Colombo a las doce del mediodía de un lunes. Pasamos rápidamente el control de inmigración, recogemos las mochilas y salimos al vestíbulo central del aeropuerto donde nos llaman desde los mostradores de cambio de divisa como si estuviéramos en el rastro: “¡Qué baratito lo tengo, oiga, Madame, que me quitan las rupias de las manos!”, vendría a ser la traducción. Nos llama la atención lo negros que son. Nos los esperábamos más indios y no tan oscuritos. Cambiamos las primeras rupias al mejor postor y esquivamos con gran destreza a empleados del aeropuerto, taxistas y tuktukeros que nos aseguran, que no hay autobús hasta Colombo, “and one shit”, lo que viene a ser, “y una mierda”.
Salimos del aeropuerto dispuestas a caminar un rato hasta la estación de autobuses, pero vemos que hay un bus de la línea 187 parado justo fuera del recinto del aeropuerto. Esa es la línea que va a Colombo Fort, así que nos subimos felices de nuestra buena estrella. En el bus no hay ni un guiri. Pobres incautos. El revisor cobra a todo el mundo menos a nosotras, así que sospechamos que nos la va querer meter doblada. Hace mucho calor y hay un tráfico tremendo. El sol se cuela entre las cortinas del autobús. Nos sobamos. Hora y media después, entramos en Colombo. La ciudad es un caos, con un montón de ruido, tráfico y gente por todas partes. Al bajarnos el conductor nos pide cien rupias por cabeza. Le damos cien por las dos y lo mandamos a escardar. Se enfada, nos da igual. Sabemos que el precio son 40 rupias, algo que confirma un señor que está en la calle al rescate de las guiris. Nos vamos directas a la estación de tren para comprar los billetes para Trincomalee. Queremos aprovechar el tiempo al máximo y aprovechar la noche para atravesar la isla en un tren nocturno.
No encontramos el despacho de billetes. Un empleado de la estación vestido con uniforme nos indica dónde comprarlos… pero no es la ventanilla de los billetes. Es la famosa agencia donde te lían y te venden unos paquetes para conocer la isla a un precio desorbitado y con un pésimo servicio. La verdad es que no les dimos tiempo a que intentaran colarnos el paquete. Les preguntamos por los precios de los billetes, y como no era lo que yo tenía apuntado nos largamos, ante un presuntamente ofendido dependiente. Por fin encontramos la taquilla, donde nos atiende el hombre más antipático de Sri Lanka. Dejamos las mochilas en la consigna y nos vamos a conocer Colombo.

Nos tomamos unos refrescos en un bareto cerca de la estación. En los bares te traen una bandeja enorme llena de comida, casi todo fritos, tipo samosas y hojaldres rellenos de carne o verduras muy picantes. Te la dejan en la mesa para que te sirvas lo que quieras. Sólo llevamos dos horas en Colombo y ya nos hemos dado cuenta de lo simpáticos y charlatanes que son los ceilandeses. “Hello, Madam, where are you from? Where are you going?” Estas preguntas las escucharemos durante todo el viaje unas cinco mil veces al día, sin exagerar…

Vamos andando en busca de Galle Face, el paseo marítimo de Colombo. Nos guiamos por unos edificios altos, el World Trade Center de Colombo, y enseguida nos topamos con el mar de frente.

En el paseo hay niños volando cometas, familias remojándose los pies en el agua y muchos cuervos, en lugar de gaviotas. Los vendedores de comida, empiezan a preparar sus puestos de pescado frito. De momento no nos atrevemos a probar nada, dado que vamos a dormir en un tren y no sabemos lo lejos que nos pillará el baño. Un montón de hombres en chándal, seguramente militares, hacen ejercicio perfectamente coreografiados. Presidiendo todo, una bandera enorme de Sri Lanka ondeada por el viento.

Después de dar un buen paseo, compramos rupias a un cambio estupendo (qué tontas fuimos de no cambiar más) y cenamos en el Viejo Hospital Holandés, que como habréis averiguado con la sagacidad que os caracteriza fue un hospital fundado por los holandeses, allá por el siglo XVII, y que además de ser el edificio más antiguo de Colombo ahora es un elegante lugar de tiendas y restaurantes. Nos ponemos las botas con dos deliciosas hamburguesas vegetarianas y una ración de patatas con lima, y nos encaminamos de nuevo a la estación.
Teníamos previsto ir al barrio de Pettah, pero como ya se ha hecho de noche y no nos queda tanto tiempo hasta la salida del tren, preferimos no estresarnos yendo hasta allí.
Después de dar un garbeo por el mercadillo de la calle de la estación y comprar agua, vamos a recoger las mochilas a la consigna. Había un cartel en inglés donde decía que las consignas son gratis si tienes billete, pero nos piden una pequeña cantidad. Como nos han caído simpáticos le pagamos, aunque sabemos que nos están tangando.
El tren, por supuesto, se retrasa. Y yo, me encuentro un montón de monedas en el suelo, pero no las cojo. Primero el bolso en Londres, ahora estas monedas en Colombo. Parece que el dinero me está tirando los tejos… Habrá que jugar a la primitiva a la vuelta.

Llega el tren y nos toca correr hasta el final de la estación. Sólo hay un vagón “first class”, pero cuando vemos cómo es el vagón, pensamos sin duda que alguien se ha equivocado. Un revisor nos indica que sí, que es ese. Así que subimos flipando.
Efectivamente tenemos lo prometido, un compartimento para dos, con lavabo y ¡hasta baño en el interior! Pero no os flipéis, esto que suena tan bien en realidad es una quimera. El lavabo y el espejo jamás fueron acariciados por una bayeta en los largos años de su existencia. Al abrir la puerta del baño recibes una bofetada de peste de los orines de varias generaciones en toda la jeta. Y además te arriesgas a que el vecino de al lado te pille en la más indigna de las poses, ya que es compartido con la cabina de al lado.

El revisor tiene el detalle de pasar antes de que el tren se ponga en marcha, así que cerramos la puerta y a dormir, porque estamos muertas. Nos espera la idílica playa de Uppuveli. Buenas noches.

4 comentarios

  • Responder Tania 19 abril 2016 a las 7:13 am

    Hola, me gustaría coger el tren nocturno a Trincomalee pero no lo veo en la pagina de los trenes. ¿Cómo puedo saber los horarios? ¿Saldrá todos los días?

    • Responder Eva L. 20 abril 2016 a las 2:18 pm

      Puedes mirar los horarios aquí

  • Responder Arancha 21 octubre 2016 a las 12:22 pm

    ¡Hola!
    Llegamos al aeropuerto de Colombo un domingo a las 15:15. En la pagina web de los trenes pone que el ultimo a Kandy es a las 17:45… ¿Crees que llegaremos a tiempo para cogerlo?
    En caso de que no llegáramos, ¿sabes si hay buses a esas horas hacia Kandy o cuánto nos costaría un taxi?
    Perdona por la avalancha de preguntas pero nos esta costando bastante hacernos la ruta…
    ¡Mil gracias!

    • Responder Eva L. 23 octubre 2016 a las 4:01 pm

      No puedo garantizarte que cogeréis el tren. El avión puede sufrir retrasos, puede haber mucha cola en inmigración, puede tardar en salir vuestro equipaje, etc. Aún así, si lo queréis intentar tenéis que coger un taxi en el aeropuerto, porque si pilláis el bus no llegáis ni de coña. Como es domingo no creo que haya mucho atasco pero se tarda, y también tenéis que comprar los billetes, y os marearán un poco antes de que encontréis la taquilla real y tendréis que hacer la cola para comprarlos.
      Ni idea de lo que costaría un taxi, lo mejor es preguntar. Los autobuses, creo recordar, estaban al lado de la estación o enfrente, pero muy cerca. Yo creo que sí habrá buses, tienen un buen servicio. Preguntad en la misma estación, a los conductores, porque si preguntáis en la calle seguramente los taxistas os dirán que no hay. La gente es muy amable pero la picardía siempre existe. Si aún así no lo conseguís, relajaos y disfrutad de la tarde en Colombo y salid al día siguiente por la mañana. La zona de la playa está curiosa de ver al atardecer.

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