Mezquitas del Sultán Hassan y Rifai (19)
Diarios de viaje Egipto

¡Y yo sin mi fortasec! 7 (Diario de Egipto)

6 marzo 2008

08.00 Un, dos, tres…. ¡a levantarse!

08.20 El mismo desayuno infame, pero hoy me hincho a croissants que se atascan en la tostadora provocando que todo huela a quemado durante un buen rato. El encargado echa la bronca a la gente que se echa más de lo que se come, me parece cojonudo.

08.25 María y yo descubrimos que nos ha caído la maldición de Tutankamón.

08.26 Salimos disparadas a cagar.

09.00 Mucho más ligeras, salimos del hotel con rumbo al barrio copto.

09.20 Entramos a una iglesia. Hay misa y casi nos dormimos. Inmediatamente entramos a otra iglesia, esta vez ortodoxa. Tienen una especie de árbol genealógico gigante con dibujos de sus santos, ¡algunos parecen de coña o dan miedo!

09.30 Estamos en un callejón donde hay un colegio y de repente salen todos los niños en tropel, y todos quieren darnos la mano. Entramos en una tienda enorme. María se pierde. La llamamos a voces. Aparece entre un papiro y una mesa de nácar. Decidimos dar por terminada la visita del barrio copto 3 iglesias más tarde.

10.30 Entramos en una mini ciudad de los muertos, es decir, un cementerio donde vive gente. Un tipo nos acompaña y luego nos pide dinero contándonos que su mujer está embarazada. Le obsequiamos con un “thanks, good bye”. La pena es que no tenemos a mano condones, que sino, uno se lleva.

11.30 María está a las mismas puertas de la muerte. Nos sentamos a tomar falafel en una terracita. Están infames, son pura grasa. Eva le da uno a un gato, que pasa olímpicamente. Disfrutamos de la colonia de gatos que están por doquier.

12.00 Cogemos un taxi. Alberto, que se ha sentado al lado del conductor va acojonado por los bandazos, así que, no sin esfuerzo, logra extraer el cinturón de seguridad, nunca estrenado. El cinturón entonces deja una impresión de mierda en diagonal en su impoluta camisa blanca. El taxista que no conocía el miedo no dudó en meterse en sentido contrario hasta que encontró la salida que le venía bien.

13.00 Llegamos a la Ciudadela de Saladino, sanos y salvos.

13.01 Me obligan a dejar el trípode en la consigna por si mato a alguien con él. Nuestros carnets de estudiante siguen triunfando.

13.05 Detrás de la mezquita de alabastro hay una panorámica preciosa de la ciudad. También del hongo tóxico que la cubre. A lo lejos se ven las pirámides.

13.10 Nos descalzamos para entrar a la mezquita, justo por la salida. Pensamos que entrada debe estar cerca así que vamos descalzas hasta allí. Está en la otra punta y los calcetines se ponen del color del tubo de escape de un taxi. Eva es recriminada por enseñar las chichas tan alegremente. Tenemos que plantar un pañuelo en la cintura a la muy desvergonzada. Yo, que soy de la cofradía del michelín al viento, me tengo que poner la sudadera bien atada.

13.30 Salimos de la mezquita para ir a ver la panorámica de El Cairo que ofrece esa terraza de la Ciudadela. Unos chicos nos empiezan a dar conversación en español, una conversación que enseguida se vuelve muy inquietante. Nos dicen los años que tiene Gallardón y cómo se llaman todos sus hijos. Nos cuentan que estudian en el Instituto Cervantes. María habla largo rato con ellos y pero Alberto y Eva empezaron a hartarse, porque eran un poco plastas, se nos estaba yendo el día y no se nos despegaban ni con agua caliente. Después de que nos pidieran matrimonio nos deshacemos de ellos citándoles en el Fishawi a las once de la noche.

16.30 Salimos por patas para visitar el barrio árabe antes de que se nos haga de noche. Nadie nos dejó claro nunca dónde coño estaba la ciudad de los muertos. Al parecer esta justo al lado de la Ciudadela, debajo de un scalestric, así que allá que vamos. Después de jugárnosla cruzando una calle, sentimos una bofetada fétida en la cara que nos deja noqueados. Más noqueados aún nos deja el aspecto de ese lugar infernal. Es un poblado chabolista pero con mucha más misera aún que la que también tenemos en España. No sabemos si ese infierno es la Ciudad de los Muertos, desde luego la de los muertos vivientes sí que parece. Salimos por patas.

16.45 Me compro un plátano que me cuesta el precio del racimo entero según me indica la dilatación de las pupilas del vendedor.

17.00 Entramos en las 2 mezquitas enfrentadas, la de Sultán-Hassan y Al- Riffai. La primera no nos entusiasma tanto. Pasamos a la segunda, cuyo patio nos encandila nada más acceder. Un viejecín, nos achucha para que entremos en una sala. Le hacemos caso y de repente se pone a hacer como que llama a la oración. Vaya momentazo. Nos quedamos helados, pues sólo estábamos dos turistas más y nosotros. Creo que se me pusieron todos los pelos de punta mientras oía los salmos coránicos mirando los preciosísimos techos labrados de la mezquita. Eva no se entera del poético momento, está más pendiente de cómo le canta el sobaco al turista gordo y está apunto de comentar en alto que qué cerdo. Menos mal que no lo hace.

18.00 Al salir nos calzamos. La pareja de turistas hediondos es española, de Navarra, más concretamente. Eva flipa cuando le pregunto al chico: “¿No serás navarrico?”. “Pues claro, si es de Navarra será navarrico”, piensa. Pero de repente el pavo dice: “¿Vaninka?” Nos descojonamos. Es justo el chico con el que hablaba en Egipto.com porque salía el mismo día que nosotros y comentamos a ver si lográbamos encontrarnos, mira tú por dónde.

18.30 Salimos todos juntos andando hacia barrio árabe. Nos cuentan sus aventuras. Entonces, en un caos de bocinas de los coches, de los gritos de los niños que juegan, de las mercancías de las tiendas ocupando toda la acera, oímos la llamada a la oración. El tiempo parece que se detiene. Todo parece mágico. Nos sentamos a tomar un té en un bar precioso.

19.50 Un tipo consigue que nos hagan sitio en la abarrotada terraza. María y Eva se mean vivas y el mismo tipo se ofrece a acompañarlas hasta un baño.

19.55 Eva y María se preguntan dónde coño mean las moras, porque llevan caminando un rato. Al final se meten en otro bar, con buena pinta donde los baños son infames.

19.56 Eva le dice al tipo que se ha manchado los pantalones. Él dice que sí, que se los lavará su mujer. Ella le pregunta que si él no tiene manos para hacerlo. Él dice que para él es vergonzante hacer algo así y que habiendo mujeres en casa no lo va a hacer nunca. Eva le empieza a odiar. María intenta templar gaitas, está encantada con el machista y le parece hasta guapo (hay que decir que hasta un faraón momificado le pareció guapo).

20.10 Llegamos a la terraza. Alberto le deja su libro de ilustraciones al tipo que nos cuenta muchas cosas sobre los faraones y tal. María le ama, pero a nosotros nos parece un poco cansino. Los españoles nos empiezan a caer mal. Están sentados juntos y se mandan sms para comunicarse “sin que nos enteremos”. Así que con el pretexto de ir a comprar lámparas, cada uno tira por su lado. Nos vamos con el pesado porque dice que conoce una fábrica de lámparas baratas. Nos mete por los rincones más oscuros del mercado. En la fábrica nos quieren clavar por un diseño exclusivo, que es el mismo de todas partes. Nos lleva a otra y ahí es donde más nos entretenemos porque el tío no se bajaba del burro. En medio de las negociaciones, Alberto, con tanto té, se mea vivo. El pesado le pregunta que si lo que necesita hacer es “hard or light”, a lo que Alberto, que no se entera de nada, responde: “medium”. Así que el pavo lo conduce al agujero más infernal donde haya cagado nadie jamás. Después de aquella visión Alberto nunca volvió a ser el mismo, haciendo suya la máxima de Rambo: “He visto cosas que harían vomitar a las cabras”.

20.20 Salimos pitando a buscar a Elena, con la que habíamos quedado para cenar. Era nuestra oportunidad de deshacernos del pesado, que como los de la Ciudadela, ya se nos había convertido en apéndice.

20.30 Nos encontramos con Elena a la que decimos por lo bajini y en perfecta jerga de macarras para que el pesao no se pispara, que contara que habíamos quedado para cenar en casa de unos amigos suyos. María, que no se entera ni del nodo dice: “¿Con unos amigos tuyos? ¡Qué bien!” Eso le dio más credibilidad a nuestra artimaña para deshacernos de pavo. Cuando le contamos la verdad a María, ella nos odia mucho.

21.00 Hartos de regatear vamos con rumbo al Bazar de Jordi, donde los precios son fijos. Eva le da a unos niños pobres que están mendigando, unos mueslis bajos en calorías. Una vez en Jordi enloquecemos y empezamos a comprar mil cosas.

21.35 Mery es acosada por los vendedores adolescentes de una de las tiendas de Jordi

21.40 Eva se queda embobada con los periquitos de la tienda del señor de al lado. Sólo por quedarse más rato mirando a los pajaritos, le compra a él las lámparas. Yo como no tengo personalidad, también.

21.50 Descubrimos una tiendecita donde una gata tiene a sus cachorritos entre los papiros. Se nos cae la baba. A uno de los vendedores se le cae con Eva, que le bufa. Al final le compro una mini cachimba que no funciona, grrrr.

22.00 Cenamos crepes egipcios. Riquísimos y nada light.

22.10 Queremos ir al servicio y el camarero nos lleva 2 portales más arriba. Nos piden una libra, pero habíamos dejado todo en el bar. Le enseñamos los carnets de estudiante. Nos deja pasar.

22.15 Salimos al borde de la hospitalización del retrete más infecto al que hemos ido en nuestra vida. Si hubiéramos pagado la libra, hubiéramos exigido una indemnización por daños morales y desintegración de la pituitaria.

23.25 Al Fishawi de nuevo. Todos, menos María, que vive en sus mundos de María (donde todo es de color de rosa, se duerme una media de 20 horas diarias, los niños fuman, los árboles dan muesli, todo el mundo es bueno…) somos conscientes de que son las once y media, media hora más tarde de la hora a la que habíamos quedado con los plastas del Instituto Cervantes. La pobre, cuando cae en la cuenta dice: “¡Ay, se nos ha hecho tarde, pobrecillos!” Lo que no sabe es que hemos estado haciendo tiempo adrede para no encontrarlos.

23.50 Vemos a unas egipcias bebiendo un cocktail que parece de cocido. El refresco, en un vaso de tubo, consiste en un líquido como la sopa de cocido y en el fondo garbanzos. No nos lo podemos creer, y menos cuando la mora se zumba todos los garbanzos después de beberse el líquido. Le preguntamos a un camarero y nos responde: Son garbanzos. –“Gracias, salao”. Llega una nubia con jena y todas se hacen unas moñerías muy monas en las manos.

00.15 Emprendemos la aventura de volver al hotel en taxi.

01.00 Nos ponemos unos pelotacillos para no perder la costumbre y celebrar que hemos llegado bien.

01.40 A dormir.

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