Edfú (47)
Diarios de viaje Egipto

¡Y yo sin mi fortasec! 4 (1ª parte) (Diario de Egipto)

3 marzo 2008

05.45 Suena el despertador. Queremos morir. Daríamos todo el tesoro de la tumba de Ramsés IX por seguir durmiendo.

06.00 Desayunamos06.30 Salimos del barco. Unos cinco mil egipcios nos asaltan para ofrecernos llevarnos al templo de Edfú en calesa. Nos sentimos como la Pantoja, el acoso es brutal. Un séquito de conductores de coches de caballos nos persigue recitando a voces: “Hola pepsicola”, “Qué pasa neng”, “Más barato que en Caprabo”… Les decimos que queremos ir andando, pero el templo de Edfú, que debe ser itinerante, cada vez está más lejos, por lo que nos cuentan. Primero a un kilómetro, después a uno y medio. Después a dos, dos y medio. No tenemos ni puta idea de cómo ir, pero seguimos a las calesas con clientes. Nos brasean de una forma insoportable. El acoso pasa incluso a ser físico. A María le soban el culo. Poco después otro tipo se lo toca a Eva que le pega un empujón y un grito que consigue ahuyentarlo. En 15 minutos no hemos caminado ni 200 metros.

06.50 Por fin salimos del infierno calesero. Estamos ya rodeando el recinto del templo cuando aparecen mil niños que van camino de la escuela. Saco unos rotuladores para repartir y acabo lanzándolos al aire para no morir como el protagonista de “El Perfume”. Entonces aparece otro tipo pesado con calesa. Se baja del coche dejando sólo al caballo y nos persigue dándonos la turra como medio kilómetro. Empieza a arrimarse a todas, pero cuando veo su mano cerca de mis posaderas le meto un empujón y le mando al diablo. Por la cara que pone imagino que soy la primera mujer del mundo que le hace esa afrenta. Se pira.

06.55 Los niños nos persiguen como si fuéramos la madre Teresa de los rotuladores carioca.

07.00 Parece un milagro, ¡hemos llegado al templo! Volvemos a ser estudiantes. Nos encanta el Edfú, aunque no puede haber más turistas por metro cuadrado. A Eva le fascinan los pajaritos que viven entre los jeroglíficos. Lamentamos no tener una horita más.

08.15 Salimos y regateamos una calesa, porque viendo el percal callejero no llegamos al barco a tiempo. Subimos a la calesa de un tipo muy pesado. No llevamos un minuto sentados cuando nos exige más pasta. Intentamos bajarnos y él que no. Le mandamos a escardar, aunque se pone pesadísimo con que le paguemos más. Le pide a Eva la cámara para hacernos una foto, pero en vista de que en dos minutos nos ha sacado varios bolis, nos ha intentado tangar con el truco de las monedas y nos ha pedido el doble de pasta de la acordada, ella le dice que no. Sigue insistiendo en cobrarnos más y nos hace todo el teatro, pero no nos bajamos del burro, pero sí de la calesa, y por el precio acordado, ni un duro más, porque además nos ha caído mal.

08.30 No encontramos nuestro barco. Recorremos el muelle, pero no sabemos muy bien dónde estamos ni dónde está nuestro barco. Preguntamos y nos señalan el barco a lo lejos. ¡¡¡Corremos!!! El barco zarpaba a las 8.30 ¡¡¡y son las 8.30!!!

08.31 Vemos la pasarela de nuestro barco izarse, glups. Gritamos y corremos mientras unos niños tratan de vendernos cosas. Eva se queda atrás. Aún resuena en nuestros oídos el “¡Salvaos vosotros!”. Mientras ella intenta respirar, un niño le intenta vender agua. Ella le dice que no con la cabeza. Entonces el niño le pide un beso.

08.32 Nos damos cuenta de que el barco que iza la pasarela no es el nuestro.

08.35 Encontramos nuestro amadísimo Princess Amira. Subimos a cubierta a relajarnos tras el descojone de los recepcionistas que han presenciado el sprint que nos hemos marcado.

08.50 Resignados, comprobamos cómo Mestafa nos ha engañado una vez más.

08.55 Zarpamos.

10.00 No estamos hechas para estar tumbadas al sol horas, en la cubierta de un crucero. Así que nos ponemos a posar, como lo que somos, unas guarronas. Alberto es el fotógrafo del Playboy garrafón que improvisamos en un momento. Todos los que están en cubierta se parten. Empezamos a tener fans.

12.00 Bajamos del barco. Enfilamos, como el resto de guiris despistados, la callecita del mercadillo, con precios para guiris. La calle acaba a los 100 metros y con ella todo lo que Esna tiene que ver. Detrás, calles sin asfaltar llenas de animales de granja, cacas de animales de granja y niños sonrientes llenos de cacas de animales de granja que nos saludan. Les doy caramelos.

13.00 Volvemos a comer al barco. El menú sube en la escala de calidad, y deja de ser un horror para pasar a ser simplemente mediocre, con la ayuda inestimable de unas mini pizzas artesanas.

14.00 María y Eva prefieren ir a dormir antes que volver a salir a ver más mugre. Se dejan caer en la cama. Antes de tocar las sábanas ya se han quedado dormidas. Así que me voy con Alberto.

14.15 Nos persigue una calesa durante 200 metros. ¿Por qué no se creen q los turistas podemos andar más de 15 pasos sin cansarnos?

14.23 Nos dicen: “¿España? ¡José María Aznar!”. Al unísono gritamos: “¡¡¡NOOOOOOOOOOOO!!!”

14.25 Regateamos unos tés y una pipa en un baretillo con terraza. El niño camarero es un encanto y no deja de mirarnos. Dudamos si hacerle un dibujín, pero imagínate que se parece a Mahoma y la hemos cagao. Preferimos guiñarle el ojo.

14.40 Unos niños se lían a hostia limpia enfrente de nosotros. Las piedras vuelan. Los de nuestra terraza les echan la bronca. Se sientan unos jóvenes a nuestro lado y uno nos pregunta que si leemos a Shakespeare. Flipo. Después nos habla de Palestina, de la política española y muchos temas más. Cuando acabamos satisfechos de la pipa nos despedimos y nos vamos, no sin antes darles mi e-mail.

15.10 Decidimos ir al otro lado de la ciudad. Unos niños nos hablan, pero no les entendemos. Les da igual y nos siguen. Vemos una cabra loca que no para de balar y de correr de un lado a otro. Las furgonetas gratuitas no dejan de pasarnos al lado en esa ciudad donde no hay ni 3 metros asfaltados y nuestros niños perseguidores nos avisan para que no nos atropellen (definitivamente piensan que los guiris somos retrasados). Las gallinas y los gatos comen juntos. Los niños se nos pegan, pero los macarras que llevamos de séquito no les dejan acercarse. Nos preparamos para recibir una pedrada de un momento a otro. A medida que nos acercamos a sitios con policía, los niños desaparecen para reaparecer en el sitio menos pensado. Todo el mundo nos habla (o más bien todo el mundo con algo colgando entre las piernas porque las mujeres parece que no existen, o sólo van a lo suyo). De las carnicerías cuelgan cabezas de cabra en plan árbol de navidad. Nos hemos perdido, ¡por Osiris!.

16.00 Mirando los minaretes de las mezquitas conseguimos orientarnos un poco. Los niños huyen de la policía. Nos llevaban media hora pidiendo propina “bashkish” pero nosotros nos hicimos los suecos.

16.15 Llegamos al barco. Despertamos a las marmotas y subimos a tomar el té de las 5.

17.00 Volvemos a merendar, por segunda vez. En cubierta se está bien, aunque empieza a refrescar.

17.45 Salimos los cuatro del barco a ver el templo, pero llevaba cerrado más tiempo que el Sepu, así que Alberto y yo llevamos a las chicas a la terraza del chavalín camarero tan majete de antes. Nos aman mazo. En la tele sale la versión sultana de Rocío Jurado. María se queda absorta contemplándola. Eva se asombra de lo diligente que es el niño y dice: “Sólo le falta el bigote para ser un hombre” y María, que está siempre en su mundo, suelta: “¡Qué va, si Soraya nunca ha sido peluda!”. Yo me pongo a afilar la cimitarra para cortarme las venas después de matarla.

17.55 Aparece un vejete con un turbante que se pone gritar a los barcos y a hacerles cortes de mangas. Los del bar le riñen y lo echan pero el hombre va y viene dando voces una y otra vez, esta vez contra nosotros. No sabemos qué nos dice, pero tiene pinta de cagarse en nuestros muertos más frescos. Rezamos.

18.00 Aparecen los niños de antes, convencidos de que volvíamos con la propina. Los del bar les mandan a escardar. Somos sus mejores y más fieles clientes. Nos aman mazo.

18.25 Caminamos hacia el barco porque se suponía que zarpábamos a las siete y media para atravesar la esclusa. Encontramos unas cholas pequeñas abandonadas en la calle.

18.27 Aparece una niña con más mugre que 8 trenes rumanos juntos. Nos dice que le demos dinero porque no tiene zapatos. Le señalamos a las cholas que metros antes había abandonado la listilla, para hacernos el drama de Hamlet.

18.29 Se nos acerca un niño pidiendo tabaco. Ante la explosión de sinceridad del angelito, “for my dad”, Mery no puede resistirse a iniciarle al tabaquismo y le obsequia con un cigarro. Nosotros estamos estupefactos pero el niño con una sonrisa gigante en el rostro, sale pitando a buscar un mechero.

18.40 Esna es un infierno y estamos confinados en el barco. Nos ponemos unos copazos y empezamos a hablar del Altísimo. Si es que hasta borrachos somos de lo más profundo.

20.00 ¡Hora de la cena! Toca comida árabe por fin, ¡yuhuuuuu! Pruebo una de las mejores moussakas que he comido en la vida, ¡de cebolla! Balklavas de postre ¡Soy feliz! Como tanto que me duele la tripa, pero todo está delicioso. Voy a felicitar al cocinero. El tipo flipa. La gente comienza a prepararse para la fiesta de la chilaba, a la que ni Mestafa ni nadie nos había invitado.

21.00 Nos sentamos en el bar del hotel a ser espectadores de la fiesta de la paletada, hasta que una de nuestro grupo nos dice “¿No os vais a disfrazar?”

21.10 Bajamos a beber un poco más al camarote de Alberto y Mery. El alcohol nos sugiere que quizá lo de la fiesta de la chilaba no sea tan mala idea…

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