night train
Diarios de viaje Vietnam y Camboya

¡Y yo sin mi agente naranja! 8 (2ª parte)

8 agosto 2007

Siga a ese tren
Todo el mundo se baja del minibus corriendo y se dirige a la estación. Nosotros no. No teníamos billetes, aunque sí los habíamos pagado y nadie se acercó a decirnos “ahí te pudras”. Así que, desconcertados, empezamos a buscar a alguien con pinta de guía que nos contara dónde hostias teníamos que recoger nuestros billetes. Pero no había nadie con pinta de guía, sino que había un grupo de chavales con pinta de delincuentes, que, eso sí, tenían walkie-talkies. Así que nos fuimos derechos a ellos y les dijimos que veníamos de Sapa y que si sabían algo de nuestros billetes.

De repente uno de ellos entra en estado de pánico. Empieza a chorrear de sudor (primer vietnamita al que veo sudar). Habla a gritos por teléfono mientras le grita también a otros aspirantes a delincuentes con walkie-talkie. Se mueve de un lado para otro. Grita a unos, grita a otros, grita por teléfono… Y nosotros como si estuviéramos en la Roland Garrós siguiéndole con los ojos y flipando. “¿Qué pasa?”, nos atrevemos a preguntar. Y el menda nos suelta: “¡Vuestro tren ha salido hace 15 minutos!”. Enfurecidos le preguntamos que dónde hostias está nuestro guía y nos dice que se piró “porque estaba cansado de esperar”. El muy capullo nos esperaba en la minibus que llegó una hora antes. Por supuesto, no nos habían cambiado los billetes para el tren siguiente como nos habían prometido, y ahí estábamos, tirados en Lao Cai, a 35 km de China sin ni siquiera haber visto esos billetes de clase de “lujo” que habíamos pagado. Nacho, el rey de la lógica pragmática, ofrece una solución en la que nadie había pensado: “¿Por qué no nos cogéis billetes para el siguiente tren?”. Respuesta: “Because it´s full”. Bueno, pensaréis, no es tan dramático, te pueden llevar en bus, alojarte en un hotel hasta la mañana siguiente, etc. NO. El pensamiento oriental es distinto, es más zen… zen-utrio, y católico, de la Cofradía del Puño Cerrado para más datos. De repente, otro igual de nervioso se hace cargo de la situación. Yo creo que era nuestro guía, porque el otro bien que le pasó el marrón. Tiene los pelos de punta y va descamisado y está tan al borde del infarto como el otro. Y es que los guías de Sapa sufren mucho más stress que los corredores de bolsa, pero mucho menos que los turistas españoles. En fin, es aquí donde comienza la situación más surrealista de nuestras vidas.

El tío nos empuja para meternos en un taxi de 5 personas, donde teníamos que caber 6, y nuestras mochilas. Una vez hecho el tetris en el asiento de atrás, preguntamos: “Pero un taxi… ¿a dónde?”. Aún resuenan en mi cerebro aquellas palabras: “To catch the train”. Era tan flipante que ni lo pensamos. Estábamos intentando asimilarlo cuando le vimos discutiendo con un tío de una minibus. Nos desencajamos como podemos del taxi y al final nos subimos a ella ayudados por los empujones del chino infartado. Eso sí, antes hubo gritos entre él y el conductor y nosotros no entendíamos nada, pero vimos con buenos ojos el flamante espacio que nos ofrecía el minibus. Entonces me di cuenta del inminente escaqueo y le dije que él se venía con nosotros. No era mucho exigir teniendo en cuenta que nos habían dejado tirados, nos habían metido en un coche de un menda que no hablaba inglés y que no teníamos ni puta idea de cuál era el plan. Bueno sí, el único plan era “to catch the train” con el lazo, como en el oeste. Así que el conductor pisó a fondo el acelerador y no lo levantó en el resto del viaje y se adentró en la negritud.

Mientras el infartado hacía mil llamadas de teléfono, nosotros intentábamos explicarle con seriedad la situación ¡pero es que aquello no era serio! No podíamos evitar despollarnos mientras nos adentrábamos en la puta selva con el minibus a mil por hora. Cruzaban motos, gallinas, personas, motos… Veíamos todo aquello iluminado por las luces de nuestra minibus, mientras pensábamos en lo absurdo de todo y en la seria posibilidad de llevarnos a una persona, animal o moto por delante.

A los pocos minutos vimos una moto tirada en el suelo y la gente mirando. En fin… muy fuerte todo. Y nosotros estábamos sufriendo uno de los estados emocionales más absurdos, complejos y difíciles de explicar: estábamos cabreados, anodadados, despollados, asustados, frustrados, nerviosos, agotados, esperanzados y desesperanzados… todo a la vez. Pero de repent,e todas esas sensaciones dejaron paso a una sola: el terror absoluto.

El camino de cabras por el que íbamos se corta porque hay un río, y la única forma de pasar el río es un puente de hierro… por el que pasa una vía… la vía del tren que intentamos atrapar. Así que sin meditarlo ni un momento, el conductor se mete por el puente mientras nosotros nos damos cuenta de que es una putada ser ateo porque no tienes a quién encomendarte en esos momentos. Pero… ¡voilá! Hemos cruzado sanos y salvos y seguimos por la selva a toda pastilla hasta que el tipo da un frenazo de cojones, seguido de un volantazo que no entendimos hasta que vimos un barranco los que estábamos sentados en el lado izquierdo de la minibus. No nos habíamos despeñado de milagro, y era normal, porque no se veía absolutamente NADA en la puta jungla.

Llevamos ya más de media hora pegando botes en la minibus viendo como alguien o algo ahí arriba nos está perdonando la vida a nosotros y a todos los que encontramos a nuestro paso. Y de repente, el guía le dice algo al conductor señalando al lado izquierdo de la carretera. En la oscuridad de la noche se ven unos fotogramas. ¡Es nuestro tren! Fue el despolle, estábamos dándole alcance. Pero el muy hijo puta estaba a punto de llegar a la primera estación y no íbamos a llegar a tiempo… Y si no lo cogíamos ahí… pues nos iban a dar mucho por el culo, porque ya era noche cerrada, eso era un puto pueblo de mierda (como los muchos que habíamos atravesado a la velocidad de la luz… de nuestra luz, porque allí mucha luz no tenían), no teníamos billetes ni lugar donde caernos muertos (aunque se nos ofrecían múltiples posibilidades de ello). Así que aferrándonos a nuestra fe ciega en el pedal del acelerador, volvemos a toparnos otra vez de bruces con la muerte más absurda del mundo. Otro puente de hierro por el que pasa una vía… la de nuestro tren… al que estábamos casi a punto de alcanzar… ¿o él a nosotros? No sabíamos si ya lo habíamos adelantado y venía por detrás, el caso es que el minibus se atasca en las vías. ¡Dios!

Yo pongo la vista en el manillar de la puerta para salir de allí pitando (nunca mejor dicho). En ese momento no sabía que esa puerta sólo se podía abrir desde fuera. Todos estábamos acojonadísimos cuando el conductor de repente logra sacar las ruedas de las vías de un acelerón. Las motos pitando y apartándose a los lados para dejarnos paso. ¡Dios, es que ya no hacía falta que viniera el tren, es que íbamos a morir de infarto múltiple de un momento a otro!. Así que nos da la risa nerviosa y nos amamos mucho por seguir vivos. Y lo más increíble es que estamos entrando en la estación y ¡el tren está allí!. Y el jodío guía me empieza a pedir pasta para pagar el taxi. Le digo: “Te lo damos en el tren que no tenemos tiempo de contarlo ahora”. Y es que aún no nos había dado los billetes el cabrón.

Saltamos las vías y subimos a toda hostia al vagón que nos indica. Y no nos lo podemos creer ¡Estamos en el tren! Entonces el menda le da los billetes a Nacho mientras nos dice: “Son 6 millones de dongs”. -“Guárdate los billetes”, le digo a Nacho y el menda se abalanza sobre Nacho cuando Iker le dice: “No te vamos a pagar”. El tío empieza a gritar y cagarse en San Pito Pato. Y empieza a salir gente de los compartimentos. Y nosotros: “La habéis cagado vosotros así que nosotros no vamos a pagar el taxi”. El tren parado, la gente saliendo a mirar y el tío este pegando unos gritos que te cagas. Entonces empecé a acordarme de mis amigos policías vietnamitas, y en la que se podía montar si los llamaban. Entonces, el chaval, desesperado, se echa a llorar mientras grita: “Si no le llevo el dinero al taxista me matará”. Y sonaba tan de verdad que nos dio mucha pena. ¡Pero es que era el colmo!, le estábamos pagando su vuelta al pueblo, porque claro, él tampoco pintaba nada allí. Así que finalmente le pagamos, porque somos súper buena gente  y no queríamos tener un cadáver en nuestra conciencia, aunque sabíamos que nos habían dado el timazo del siglo, porque con 6 millones de dongs te compras allí el taxi entero, obligándole, eso sí, a escribir una nota de su puño y letra explicando que se nos tenía que devolver esa pasta. Como lo hizo en vietnamita, bien podría haber puesto la receta de la tarta de zanahoria, pero bueno, ahí no podíamos hacer nada.Bueno, ya reclamaríamos, ahora tocaba intentar recuperarse de tantas emociones en nuestros compartimentos de lujo… ¡Una polla!

Nos habían dado los vagones más cutres y lo peor de todo, ¡separados! Al menos Soraya y yo dormimos juntas con dos coreanas que roncaban, pero al pobre Nacho y al pobre Iker les tocó dormir respectivamente con 3 chinos. Soraya fue a decirle algo a Nacho a su compartimento y se lo encontró sentado en la litera de abajo con 3 chinos en gayumbos sentados en la litera de enfrente mirándole. Encima de la mesa había 3 mini tetrabrik con 3 pajitas. Soraya no podía contener las lágrimas de la risa al contarme la escenita.

Las rocas de los percebes son bastante más cómodas que aquellas literas, pero no importaba, nosotras estábamos vivas y teníamos a dos chinas roncadoras que nos odiaban porque las despertábamos con nuestras risas. El mundo era maravilloso por el simple hecho de que esa noche habíamos acabado dentro de nuestro tren y no debajo.

(en breve subiré el resto de capítulos, ahora no puedo porque me voy de viaje a la india)

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