Vietnam 158
Diarios de viaje Vietnam y Camboya

¡Y yo sin mi agente naranja! 3

3 agosto 2007

Suena el reloj y no nos lo creemos, necesitamos ochenta horas más de sueño. Eva empieza a odiarnos a Iker y a mí, por querer levantarnos tan temprano el día destinado a descansar por el jet lag. Así que cagándose en nuestros muertos más frescos hace la mochila y baja.

Nos encontramos con Iker y Nacho acabando de atusarse también, en los lavabos que el señor Miyagi tiene en el patio. Han dormido fatal porque una rana ha estado croando toda la noche. En el patio están también las tailandesas de la noche anterior, Miyagi y el eslabón perdido entre un trilobite y King-Kon, una cucharacha que bien le podía plantar cara a cualquier gato. Por suerte, el cucal de turno ha cumplido su misión y sólo había que certificar su muerte. Una señora se encarga del levantamiento del cadáver mandándolo a un desagüe de una patada.

La muerte le sienta tan bien

Salimos y nos vamos directos al D&D Inn, un hotel con una pinta que te cagas a escasos metros, amenizados con el hilo musical de Nacho, que está empeñado en repetir una noche más con el señor Miyagi, sus cucas y sobre todo, los tres dólares que cuesta dormir allí. Dejamos las mochilas en el hotel y salimos a desayunar. Nos extraña que haya tan poca gente por la calle, ya que nos han dicho que los tailandeses son bastante madrugadores. Preguntamos a un tipo y nos damos de bruces con la respuesta: Iker ha calculado mal la hora y no nos hemos levantado a las 8, ¡sino a las 7 de la mañana! Desayunamos en un sitio con una camarera muy graciosa que nos pone cafés tamaño bañera, un montón de tostadas y hasta sandía. El plan inicial es ver al Standing Buda y de camino, los templos que nos surjan. Echamos a andar y nos encontramos la pagoda de los gatos. Nos hicimos unas fotos chulísimas con la cámara de Eva… que estarán en algún ordenador vietnamita ¬¬.

Seguimos andando y llegamos al Wat Intharawihan. Es tan enorme como dorado y te mira de buen rollo, no como
el rey de Tailandia que te observaba desde todas partes como el malo de una peli de miedo, desde una especie de medallones y carteles que hay por toda la ciudad. Los tejados de los templos tailandeses y la decoración de pedrería de “todo a 100” nos flipan.

Al lado del buda hay un tipo con jaulitas de madera llenas de pajaritos. Los pobrecitos no se pueden casi ni mover dentro, pero por un euro los liberas al tiempo que se los ofreces al Buda. Le compramos una jaulita a la niña (Eva), que le hace mogollón de ilusión. Ni que decir tiene que los pajaritos están amaestrados y después de pasarse el recreo en un tendido eléctrico que hay enfrente, vuelven con el tipo de las jaulas.Paseamos nuestras emociones y nuestras camisetas empapadas en sudor y salimos a ver al Buda Negro. Un tipo muy simpático nos regala un mapa, nos para un tuk-tuk y lo negocia para que nos haga una ruta turística durante todo el día por un euro y medio. Ha sido muy amable y no nos ha pedido nada (hecho insólito en el sudeste asiático) Los tuk-tuk son una especie de motocarro donde además del tío de la moto cabe una persona gorda o dos en la sillita de detrás. Pero nosotros nos montamos los 4, como piojos en costura, descojonados y haciendo un tetris tailandés. Desde el tuktuk ves la muerte de cerca a cada instante, arrollado por los veloces autobuses, desarrollando un cáncer de pulmón galopante por la contaminación que te tragas en raciones dobles de los tubos de escape…

Tapando al buda negro, verás la maldición que me cae

El tuktukero apaga el motor de la moto en cada semáforo, se le estaba quemando. Supongo que enseguida se dio cuenta que no le compensaba cargar mucho más tiempo con los cuatro guiris tan grandes y gordos. Llegamos al Buda Negro, que es negro porque no lo habían lavado desde las invasiones mongolas, o porque lo han paseado mucho en tuk tuk, o porque lo tienen metido en una pagoda-almacén, donde tienen de todo. A la deidad no debe hacerle ni puta gracia estar entre cajas de conserva y parece que pagó sus iras con los pobres perros que también habitan el templo, ya que están todos mutados y a uno le llegaba la lengua al suelo (juro que es verdad) y daba una grima que te cagas el pobre. Este Buda, qué tío rencores.

Entonces el “tuktukero” decide que ya va siendo hora de timarnos un poco y nos mete en la sastrería “de un primo” mientras “echa gasolina”. En Bangkok las sastrerías, joyerías y demás tiendas para guiris tienen acuerdos con los “tuktukeros”, para les lleven guiris a las tiendas. A cambio les dan bonos para gasolina. Ni que decir tiene que no queremos entrar en una sastrería a ver trajes de chaqueta, pero entramos y el de la tienda nada más vernos, nos mira de arriba a abajo y dice: -“Vosotros no tenéis pinta de usar trajes, ¿verdad?”. Al menos disfrutamos un par de minutos del aire acondicionado.

Al “tuktukero” no le hace ninguna gracia que seamos tan pésima clientela y trata de librarse de nosotros contándonos mentiras tales como que están cerrados no sé cuantos monumentos porque es la semana del cumpleaños del rey. ¡Ni caso! Es un truco. Pero nosotros, recién llegados a Asia, aún somos vírgenes e inocentes y le creemos. Le despedimos y paramos a comer en el sitio más infecto de todo Bangkok, donde una viejecillas te dan bebidas en botellas de cristal recicladas desde que Buda se compró sus primeras cholas y unos noodles que están muy ricos, pese a tener hígado y unas cosas negras que parecen ojos de algún ser mitológico. Eva, habría chupado una patita de cuca antes que esa sopa y pasa de ingerir aquello. Nosotros apartamos los órganos que podían ser transplantados a un cuerpo humano y nos comemos el resto. ¡Está riquísima! Eva tiene su primer contacto con los servicios asiáticos en aquel lugar. Un agujero en el suelo y una palangana llena de agua con un cazo por si dejas pegatina. Ni que decir tiene que “no tiró de la cadena” porque le daba terror meter la mano en ese agua infecta (al menos la de la sopa estaba hervida).

Eva tuvo el detalle de querer morirse en un sitio tan chulo como este

Echamos a andar muertos de calor a ver más pagodas, llenas de monjes naranjitos. Van cayendo botellas y más botellas de agua, hasta que la pobre Evita casi se nos muere de calor (recuerden: 35ºC y 95% de humedad, juas) y nos sentamos hasta que recuperara el espíritu.

Entonces entramos en otro invernadero de pagodas (finca donde les da por cultivar pagodas) y descubrimos un mercadillo donde venden de todo:  pollas de madera barnizadas,  rosarios budistas, monedas antiguas, figuritas religioso-festivas…

Después vamos a la Golden Mountain. Allí descubrimos que el tuktukero nos ha engañado. ¡Hijo de puta, está abierta! Subimos las escaleras mientras grandes altavoces nos martirizan con discursos del monarca que por suerte o por desgracia, no entendemos. Hay campanas por todas partes y vegetación real mezclada con una naturaleza de atrezzo poco lograda, nos recuerda a la atracción de Tarzán del parque de atracciones de Madrid.

* En una segunda visita a la Golden Mountain en un viaje en 2010 nos encontramos a un menda machacándosela en las escaleras sin cortarse un pelo (tenemos vídeo, pero os voy a evitar el puag).  En 2012 volvimos a Bangkok, pero no, después de aquello ya se nos quitaron las ganas de volver a la Golden Mountain.

Desde lo alto hay una vista increíble de toda la ciudad, de la inmensa y caótica Bangkok donde lujo y pobreza, modernidad y decadencia comparten metros cuadrados. Después de hacer un poco el subnormal en lo más alto, salimos corriendo a ver el gran Palacio Real, pero nos cierran las puertas en las narices. Nos cagamos en el tuktukero y en toda su estirpe porque el muy hijoputa tampoco nos quiso traer y nos aseguró que no abría hasta las cuatro de la tarde, justo cuando estaban chapando. Así que salimos pitando a ver el Wat Pho (el Buda reclinado) que en vez de ovejitas cuenta turistas.

Decidimos que ya basta de vida espiritual y pensamos en ir a un gran centro comercial de esos míticos de Bangkok. En un ataque de tacañería Nacho y yo no queremos coger el tuk tuk, pero estos al final nos convencen y menos mal
que lo hicimos. Estaba lejísimos, tardó muchísimo y llegamos con los pulmones negros.

El centro comercial es tremendísimo (el MBK) y también está la omnipresente imagen del rey. Lo tienen colgado de dos enormes medallones para que le veas el jeto sí o sí, estés en la tienda que estés. El centro comercial tiene otro centro que es como un Corte Inglés dentro, supermercados, millones de restaurantes, cines y por supuesto mil millones de tiendas y hasta un hotel. Pero más que el tamaño, lo que nos flipa fue no ver enarbolada una bandera pirata porque vaya tela marinera… relojes Rolex, Casio, Gucci… Todo tipo de imitaciones de Levis, Diesel, Calvin Klein… ¡¡increíble!! Hasta hay tiendas de programas piratas, con dvds y cds de música. Descubrimos también la tienda de chucherías… y esos snack de cangrejo (pero cangrejos fritos enteros) que nos cautivan.. aunque no hay huevos de comérselos.

Estas sí que son auténticas bolsas de gusanitos

Cenamos en el centro comercial y nos ponen  cocacola del grifo que provoca alguna diarrea instantánea. Pillamos
otro tuk tuk de vuelta al hotel. Nos dan nuestra habitación y nos vamos directos al paraíso: la piscina de la azotea desde donde se ven las pagodas iluminadas de noche y los rascacielos. Nos bañamos tomándonos una cervecita. Nacho olvida al señor Miyagi y a sus cucas. Uno es auténtico hasta que le ponen una piscina en la azotea del hotel. Queremos morir de gusto, menos Eva que está abrazada al retrete porque le había sentado mal la cena.

Después del baño, Nacho y yo bajamos a dar una vuelta y me hago las trencitas del pelo por un precio absurdo. Un guiri me regala una rosa porque la había comprado “por ayudar a la que las vendía” y no tenía a quién dársela. Yo le iba a regalar una a Evita así que me viene de perlas. Nacho flipa al haberme dejado soltera y encontrarme de repente con una rosa. Nos vamos a tomar una cerveza y charlamos con unos tailandeses. De repente se pone a llover. En la calle recogen todos los tenderetes y la gente se refugia de la lluvia. Es hora de ir a dormir. Iker estaba escribiendo postales porque tiene que informar a todos sus amigos del evento de la piscina de la azotea del hotel y Eva aumenta su odio hacia él porque no le deja dormir. Ella pasa de mi regalo floral y tras una ducha nos rendimos a Morfeo. Good night, Bangkok, que al día siguiente, ¡good morning, Vietnam!

Capítulo 4 (1ª parte)

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